viernes, 8 de enero de 2010

Tres poemas de amor

Me interesa la diferencia entre estos tres poemas de amor. Tres aproximaciones bien distintas, y eficacísimas, al, por otro lado, tan manoseado tema. ¿(Una) pasión femenina? ¿(Una) pasión masculina? ¿(Un) amor unisex, tal vez?

Este primero de Anne Sexton es pura energía, arrebatada autoconsciencia corporal, material, palpable, de un casi primario, emocional, enfurecido y, sin embargo, sofisticado deseo carnal que apunta igualmente a la "realidad" de las más oscuras zonas de su intelectualidad. Con una estrofa última demoledora, donde tal vez, en ese "loca de nieve", podamos encontrar (disculpad, pero, aunque suene cursi, hablo de técnica) el secreto de la poesía y un verso último que nos hace aterrizar sin contemplaciones:


EL PECHO

Esta es su llave.
Esta es la llave para todo.
Preciosamente.

Soy peor que los hijos del guardabosques,
picoteando en busca de polvo y pan.
Aquí estoy intentando crear perfume.

Déjame tumbarme en tu alfombra,
en tu colchón de paja -lo que tengas a mano-
porque la niña en mí se está muriendo, muriendo.

No es que sea ganado para ser comida.
No es que sea una especie de calle.
Pero tus manos me encontraron como un arquitecto.

¡Jarra llena de leche! Fue tuya hace unos años
cuando habitaba el valle de mis huesos,
huesos bobos en la ciénaga. Pequeñas bagatelas.

Un xilófono quizá, con piel
recubriéndolo todo, torpemente.
Sólo después se volvió algo real.

Después me comparé a estrellas de cine.
Y no estaba a la altura. Algo entre
mis hombros sí lo estaba. Pero nunca suficiente.

Claro, había una pradera,
pero sin ningún joven que cantara la verdad.
Nada con lo que poder distinguir la verdad.

Sabiendo nada de hombres me tumbé junto a mis hermanas
y resurgiendo de las cenizas grité
¡mi sexo será traspasado!

Ahora soy tu madre, tu hija,
tu novedad -un caracol, un nido-.
Vivo cuando están vivos tus dedos.

Visto seda -cubierta para ser descubierta-
porque es en lo que quiero que tú pienses.
Pero para mi gusto es un tejido demasiado severo.

Así que dime lo que quieras pero recórreme como un escalador
pues aquí está el ojo, aquí la joya,
aquí la excitación que el pezón aprende.

Estoy desequilibrada -pero no estoy loca de nieve-.
Estoy loca en el modo en que las niñas están locas,
con una ofrenda, con una ofrenda...

Ardo del mismo modo que el dinero.

(En Poemas de amor, Editorial Linteo)



Nuno Judice ahora modula y contiene la voz que, en contraste con el poema de Sexton, nos sorprende por su escasa efervescencia, por su muy intelectualizada reflexión sobre el lugar del deseo en el poema mismo. Interpela en él candorosa, casi angelicalmente al ser amado para decirle, tal vez, y absolutamente consciente de lo inservible de los recursos lingüísticos, que de nada sirve escribir(le) un poema de amor, puesto que su "realidad" no podrá alcanzar nunca esa otra realidad que se pretende. Una idea desde luego algo tópica, dicho sea de paso, pero que Júdice sabe recrear de nuevo con bellísimas e inteligentísimas imágenes (esa "flor futura que habita en el centro del invierno", por ejemplo, o ese "final de la línea, donde te espero"):

FIGURA CON REALIDAD

Te escribo ahora, por dentro de este poema.
Podía soñar que vas a nacer dentro de él, o
que estás dentro de él
como la flor futura habita el centro del invierno.
La analogía es el punto adonde el poema va a beber,
como se va a la fuente, o como se oye, en el silencio
de la tierra, un rumor de aguas subterráneas.
Entonces, tu voz se abre, como si fuese
la propia flor. Entra en mí,
y recorre los espacios desiertos de mi alma,
como si un viento empujase las puertas y las ventanas,
atravesase las salas, y avivase el fuego
en las cenizas del corazón. Me limito
a oírte en el intervalo de los versos, mientras
la vida reemprende, despacio, su curso:
oraciones por dividir, una enunciación de figuras
de retórica, el paralelismo
de ciertas comparaciones. Todo esto desembocaría,
como es evidente, en el ritmo
al que el poema obedece si no te encontrase
en cada cesura, como si tu imagen insistiese
en llenar los vacíos de la palabra. Entonces,
dejo que entres dentro del poema; y te veo
avanzar por las frases, hasta el final de la línea,
donde te espero,
como si cada sueño no se deshiciese
con el aire.

(En Tú, a quien llamo amor, Editorial Hiperión)


Y Antonio Damasio, por último, nos sugiere...

UNA HIPÓTESIS EN FORMA DE DEFINICIÓN

Considerando los diversos tipos de emoción, puedo ofrecer ahora una hipótesis de trabajo sobre las emociones propiamente dichas en forma de definición:
1. Una emoción propiamente dicha, como felicidad, tristeza, vergüenza o simpatía, etc., es un conjunto complejo de respuestas químicas y neuronales que forman un patrón distintivo.
2. Las respuestas son producidas por el cerebro normal cuando éste detecta un estímulo emocionalmente competente (un EEC), esto es, el objeto o acontecimiento cuya presencia, real o en rememoración mental, desencadena la emoción. Las respuestas son automáticas.
3. El cerebro está preparado por la evolución para responder a determinados EEC con repertorios específicos de acción. Sin embargo, la lista de EEC no se halla confinada a los repertorios que prescribe la evolución. Incluye muchos otros aprendidos en toda una vida de experiencia.
4. El resultado inmediato de estas respuestas es un cambio temporal en el estado del propio cuerpo, y en el estado de las estructuras cerebrales que cartografían el cuerpo y sostienen el pensamiento.
5. El resultado último de las respuestas, directa o indirectamente, es situar al organismo en circunstancias propicias para la supervivencia y el bienestar.

(en En busca de Spinoza, Editorial Crítica)


A mí, particularmente, los tres poemas me sirven, me conmueven por igual. Y éste último, precisamente, viene a abonar esa duda que albergaba hace muchos, muchos años, y que casi hizo saltar por los aires (que lo hizo, después de todo) la relación con un antiguo amor, sobre si existía él o me lo inventaba yo....

13 comentarios:

Chu dijo...

Particularmente, prefiero los poemas cortitos y largos los abrazos. Así, dejaría el primero poema que nos muestras, con los tres primeros versos. Y punto.
Al segundo de ellos, le cortaría desde donde acaba "invierno". En cuanto al tercero, ¿es un poema? ¿dónde está la lírica, y dónde el ritmo? A mí que me lo expliquen, debo estar espesita...
Un beso poético

Francisco Javier Torres dijo...

Ay, mi sastrecillo valiente, a veces la cantidad también importa, como creo que es el caso. Es cierto que el relámpago ilumina más intensamente cualquier punto, pero una luz sostenida tal vez nos haga ver mayor espacio y conocer más por tanto (conocernos). Y se ha dicho ya que el silencio es la imposibilidad del escritor de mantener la idea. No sé, a mí me fascinan más estos poemas sin los recortes que apuntas. Y desde luego poéticamente bastante más ese iracundo "yo" arrebatado de Sexton que el inteligente y controlado "tu" de Júdice, sin perder por ello de vista toda su suculenta maestría para seducir a media voz.
En cuanto al tercero, ah, amiga mía, la poesía puede encontrarse en el lugar más insospechado, léelo, léelo de nuevo y desconfía de lo que ven tus ojos...

Chu dijo...

Nada, que no, que no lo pillo. El tercero, sigue sin parecerme un poema. Me buscaré un moreno que me lo lea en la playa, (a media voz), a ver si así me llega la imagen poética que tanto defiendes.

Francisco Javier Torres dijo...

Pues en ese caso, no insistas más, tampoco merece demasiado la pena. Si para ti no es (o no te sugiere nada que se parezca a) un poema, lo llevas a la Misa de tu congregación y santificáis el dicho, ya está. Aunque, como te digo, no todo lo que luce como poesía lo es, y viceversa, claro, claro está (he ahí el meollo de la cuestión), basta, según creo, con tenerlo presente para que el cerebro funcione o dejemos que funcione... Besos mil y gracias por tu perspicaz comentario (je, je). Ah, y no dejes lo del moreno, que eso sí que sí.

Raquel G. dijo...

Pues yo me quedo con el de Júdice enterito, a pesar de los reiterados "como si". Lo inteligente y controlado puede resultar arrebatador -según quién lea, supongo-. A mí me pone.

Indiscutible la potencia del verso final de Sexton.

Un beso fáctico (y he dicho "fáctico", ¿eh?)

Francisco Javier Torres dijo...

Desde luego que sí, Raquel, son dos poéticas distintas, ambas igual de válidas en cualquier caso, ya digo, insisto. Y cada cual es absolutamente soberano en lo que se refiere a preferencias (y siempre que la calidad, como ahora, se dé por descontada). Pero leámoslos, si es posible, en esa clave que yo decía al inicio de femenino y masculino, a ver qué sale. Ésta era la cuestión que más me interesaba del asunto.
En cuanto al tercero (no lo perdamos de vista y que no es poesía, Chu, en efecto, quédate tranquila, je, je,), qué le pasaría si lo entendiéramos en esa propuesta clave poética, cómo deberíamos leerlo para que lo fuera? No sé, ¿lo que hay detrás del texto no nos sugiere nada? Un texto de evidente carácter científico ¿puede insinuarnos algo (en este caso especialmente, claro, al hablar de lo que habla) de tal manera que quede algo balbuciendo después de su lectura para que lleguemos a pensar en él como si fuera un poema? Tal vez, pero no estoy seguro. Me gusta, no obstante esa violencia textual.

Raquel G. dijo...

Sobre el tercero no me pronuncio porque necesito releerlo en otro momento. Respecto a la clave femenino/ masculino, me cautiva más la seducción a media voz, al menos en este caso. No tengo del todo claro que sea una cuestión de sexos, pero, si lo es, me llega más la intelectualizada reflexión de Júdice. Se supone que los hombres se expresan más desde lo intelectual/lineal, y las mujeres desde lo emocional/circular. Me creo poco estas teorías, aunque bien podría ser una cuestión cultural (de género) más que biológica (de sexo).
Es tarde…estoy difuminada. Mañana leo el tercero y sigo opinando, con tu permiso.

Francisco Javier Torres dijo...

Ah, por cierto, Raquel, se me pasó decirte que la clave para esa reiteración que señalas, y algo molesta, en efecto, si no fuera por él, está en el 5º verso del poema. Aunque obvio, su enunciado no hace sino neutralizar lo que de otro modo podría considerarse torpeza. Eh, cuidado, que se muy bien lo que me estoy haciendo, viene a decirnos con ese verso el poeta, ¿no crees?

Raquel G. dijo...

Sí, Paco, lo creo.
Respecto al tercer "poema", bueno...por partes.
Yo diría que la relación con un antiguo amor siempre existe. Si no existe de facto, lo hace en nuestra memoria, y ésta desencadena emociones -una manera respetable de relacionarse con un antiguo amor que todos frecuentamos alguna vez-. Otra cosa es que esas emociones ayuden a nuestra supervivencia y bienestar -ahí ya tengo dudas-.
Por lo demás, no consigo relacionarme poéticamente con el texto, tan frío y endiabladamente expositivo. Claro que invita a la reflexión, pero no le encuentro mayor intríngulis. ¿Alguna pista más de lo que a ti te evoca? por ver si lo pillo, digo.

Raquel G. dijo...

A ver: creo que te he leído mal. Parece ser que ese amor es antiguo ahora, pero no lo era cuando tú albergabas las dudas abonadas por el texto.
Ésta es mi última palabra: las "cosas" sólo existen para nosotros en la medida en que las sentimos o percibimos. Así que si sientes amor, ese amor existe. Lo "realmente" insondable es lo que existe o no para otros (u otras). Lo creo firmemente, lo cual demuestra que mi teoría existe ;-)

Chu dijo...

Ya me quedo tranquila, sí: el 3º no es poesía. Por un momento habías hecho un cortocircuito en mi cabeza.
No sé por qué dicen que el que siente es el corazón y no el cerebro... De todas formas lo importante es eso, que el cerebro funcione.
¿no es eso vivir?

Francisco Javier Torres dijo...

Lo que a mí me sugiere más, aquello que decía que queda balbuciendo, valga el remedo sanjuanista, era eso de los EEC, lo de los estímulos emocionalmente competentes a que se refiere Damasio, y, desde luego, esa afirmación final, de la que tú dudas, Raquel, sobre nuestro bienestar y nuestra supervivencia. Es lenguaje absolutamente exento, denotativo, no hay duda en eso, pero, he ahí mi cuestión, ese empujón mental que provoca la propuesta, ¿podemos considerarlo, no ya como poesía (convencional, convencional), si no queremos, sino como algo que se asemeje a lo que provoca cualquier manifestación artística (también convencional, para entendernos)? Y lo mismo para esa química cerebral que se cita en el parrafito y que rige las emociones, de un modo, ummm, tan sugerente, etc., etc. Se trata sólo aquí, después de todo, de hacer, como apunté, un pequeño y entrañable acto terrorista, ya digo. No sé si lo hemos conseguido. Desde luego, a Chu no le ha gustado (je, je).

Francisco Javier Torres dijo...

Ah, por cierto, a mí me encanta, me fascina destripar estas cositas (en la medida de lo posible, claro está, claro, je, je). Gracias a las dos por el estímulo (no sé si emocionalmente competente, eso ya se verá, je, je).