viernes, 3 de julio de 2009

Acontecimiento


Leo un "Acontecimiento" de Bernhard:

El director del colegio hace venir al maestro y lo acusa de haber abusado de uno de sus alumnos. Dice que no sabe qué decir, pero que el traslado del maestro a otro pueblo resulta inevitable. Que probablemente, sin embargo, el maestro tendrá que renunciar incluso a su profesión. Que, en cualquier caso, él tendrá que informar al director de la zona y todo el asunto tendrá consecuencias aún más graves que las que acaba de mencionar. El maestro no trata de justificarse y dice sólo que no ha abusado del alumno, y que ni se le hubiera ocurrido la idea de realizar actos como los que el director describe sin cesar con todo detalle. Sin embargo, aunque el maestro se defienda, no le sirve de nada. Queda suspendido inmediatamente en sus funciones, le dice el director, que deja que se vaya sin darle la mano como solía hacer siempre. Como el maestro no se siente culpable de nada, piensa que, con el tiempo, se demostrará su inocencia, que, sencillamente, aprovechará la suspensión para tomarse unas vacaciones. Que el rumor ni siquiera saldrá del colegio. Pero se equivoca. El rumor se extiende con la velocidad del viento, y hasta el periódico local de la ciudad lo recoge. Dice que un hombre como el maestro tendría que ser puesto a buen recaudo. Que ninguna pena sería demasiado severa para él. Que hay que proteger de él a la junventud, y especialmente a los niños, por todos los medios. Como el maestro está recién casado, el asunto le resulta doblemente desagradable. Su mujer no le cree y lo abandona al enterarse de la acusación. Sólo cuatro días después de ser suspendido, el maestro recibe ya una citación para comparecer ante la audiencia territorial. Nadie sabe qué hace antes del juicio, pero en cualquier caso, deja de mostrarse en público. Entretanto, nadie ignora ya la historia. La dueña de su casa le exige que se vaya y le devuelve el alquiler pagado por anticipado. Un día antes del juicio encuentran su cadáver en un río que va crecido, a diecisiete kilómetros del lugar de su residencia. Según se averigua, no se ha suicidado en absoluto, sino que se ha caído accidentalmente al río y se ha ahogado. Entonces el colegial se presenta y dice que toda la historia es falsa y que se la ha inventado para vengarse del joven maestro.


Esta sinopsis de Desgracia, de Coetzee, la escribió Bernhard en 1954. Es verdad que en Desgracia, de 1999, aparece además un malo remalo agazapado en las brumas tribales de Sudáfrica y que el profesor David Lurie no se "suicida", acaba quemando perros tullidos, incluso hasta el último, el que parecía que no iba a ser sacrificado, el que más logra enternecerlo, pero para el caso es lo mismo. Este "Acontecimiento" es la sinopsis de esa novela. Un "acontecimiento" a su vez extraordinario, para mí al menos, sin precio, como en la ilustración. Una cúspide alimentando a otra cúspide. Sin rubor, sin máscara alguna.
Bernhard renegó, al parecer, de estos textos primerizos, y sólo permitió su publicación bastante después de ser escritos. Es verdad que no son el Bernhard que conoceremos más tarde y que nos encandila con su fruición textual y sus obsesiones argumentales. Pero hay ahí pildoritas reconstituyentes ya, muy pronto, pues.

8 comentarios:

J. A. Montano dijo...

O sea, que Bernhard le da un baño a Coetzee *avant la lettre*. Bien está, bien está!

Yo leí "Desgracia" y no estaba mal. Pero tampoco terminaba de estar bien. Coetzee: sobrevalorado.

Y con eso del Nobel, lo han convertido en el Echegaray Afrikaner.

Francisco Javier Torres dijo...

Pues si la has leído, comprobarás que, en efecto, es calcado el argumento. Me quedé bastante sorprendido. No sé, no sé, pero yo no considero que sea una casualidad. No le resta valor a la novela de Coetzee, desde luego, que es francamente buena (tremendamente lúcida y eficaz en el planteamiento argumental de las bajezas humanas, firme, muy firme desde el punto de vista formal, con esa sequedad verbal característica de veras sugerente...), lo que provoca esa coincidencia es hacer más grande a Bernhard, en mi opinión. El Echegaray afrikaner, sí, tiene gracia.

J. A. Montano dijo...

Bueno, yo tampoco creo que Coetzee plagiara nada, la verdad. Lo gracioso es que a mí el argumento en sí es lo que menos me interesaba de la novela de Coetzee: lo que me gustaba era su relación con la putita, aquellos encuentros con la putita... Definitivamente, creo que a mí la literatura me importa un pimiento: yo voy a lo que voy!

Francisco Javier Torres dijo...

Entonces liquidaste enseguida la novela, visto y no visto ¿no? En fin, así te va, hermano, con tanta y tan aquilatada sutileza, je, je...

J. A. Montano dijo...

Pues claro, ¿cómo no iba a ser así? Soy coherente con mi idea de que la literatura es un arte menor...

R.C. dijo...

Para mí hay dos tipos de novelas: las que me acuerdo de lo que van y de las que aún queriendo, no recuerdo nada de ellas.
Seré un poco bruto pero de Desgracia no me quedé ni con la putita..., y eso no quiere decir que sea mala, ni siquiera que no me gustase en su momento, es sólo que no me dejó nada en mi cabeza, como esas pelis de sobremesa..., que sirven para fomentar la siesta.

Francisco Javier Torres dijo...

Bueno, sí, hay novelas en las que ocurre eso. Tal vez por que se lean como por obligación, por excesiva oportunidad, por tono, etc. No sé. Pero yo desde luego os sugiero, a los dos, darle en cuanto podáis otra oportunidad porque merece la pena. Ya no sólo por la narración de la caída en "desgracia" de este profesor, y la desolación que le acompaña, no sólo por su peripecia, sino por el control, la mesura con la que está contada esa desolación intimísima y, por eso mismo, tal vez, simbólica de todo hombre de esa edad y condición. Desde luego debéis fijaros en la sequedad e incluso aspereza de los materiales lingüísticos, en la parquedad de sus procedimientos literarios que, según yo creo, resultan muy, muy eficaces para desdramatizar paradójicamente la tragedía personal que se nos cuenta. No sé, hay situaciones emocionantes, el desangelado encuentro con la matarife, por ejemplo; la relación que poco a poco va estableciendo con los perros (ahí queda el símbolo)
En fin, yo os la recomiendo de nuevo, ya digo. Y "Hombre lento" también, quizás más metaliteraria, con un jueguecito muy imaginativo entre la Costello y Paul Rayment, ahora trasterrado, descolocado (quizás conceptos claves, como en Desgracia)en Australia, nada menos, junto con la familia croata.
Bueno, y luego Bernhard otra vez, claro, claro (je, je)

Francisco Javier Torres dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.