sábado, 8 de mayo de 2010

Providence-Nivel 1

Si les digo la verdad, no puedo negar que poco antes de emprender la lectura de Providence, la reciente novela de Juan Francisco Ferré, me cohibiera, me amedrentara en cierto modo el aluvión de críticas sesudas que se han vertido sobre ella. Muchas apelaban, y lo seguirán haciendo tal vez las venideras, a unas dimensiones teóricas posiblemente de no fácil alcance para un buen número de lectores entre los que podría incluirme sin sonrojo. La mayoría las ha ido recopilando el propio autor en su blog La vuelta al mundo y puede darle un repaso pinchando aquí quien esté interesado en comprobarlo por su propio click (recomiendo no sólo las entradas, sino también los comentarios, claro está, de propios y extraños, algunos de ellos memorables). Ahí se hace referencia con cierta soltura a Lyotard, Barthes, Jameson, de Man, Zyzek, etc., etc. En cualquier caso, no debería entenderse esto como un juicio sobre la pertinencia o no de este tipo de análisis, sobre si le conviene o no al texto esa clase de elucidación a ciertos niveles de exigencia, ni mucho menos. Sólo me parece interesante señalar que un lector que haya conocido antes estos comentarios (como es mi caso) y que tal vez esté no demasiado avezado en estructuralismos, post-, sobre- y trans-modernidades teóricas podría tener debido a ellos la impresión de que le sobrepasará el texto (como tantas veces ocurre por culpa de los exegetas de turno, dicho sea de paso), de que se evidenciará cruelmente una vez más el ya de por sí profundo pozo de su (mi) ignorancia, lo cual le llevará tal vez a un exceso de prevención que acartone la lectura en el mejor de los casos, que se vea inducido a soslayarla, en el peor. Todo lo cual sería un lamentable error, lo dejo claro ya, que nos impediría, en particular ahora, gozar como merecemos de este texto singular. Primero, porque es necesario tener en cuenta siempre que si el texto convoca en torno suyo a tan eminentes referencias, ello no debería ser considerado desde luego sino como la ocasión que propicie nuestra curiosidad, lectores valerosos como somos, después de todo. Segundo, porque la lectura busca en sí misma ser otra cosa bien distinta a una "caza de citas", a un extenuante rastreo de indicios. Eso podrá venir después, si queremos entretenernos en ello. Por tanto, y al margen ya de estas consideraciones previas que a mí, no lo niego, ya lo he dicho, pudieron incomodarme el primer acceso, debemos abordar sin mayores complejos la lectura de esta espléndida novela, entregarnos a lo que nos depare obviando en lo que sea posible todo este aparataje crítico. He ahí mi recomendación esencial, si hubiéramos accedido antes que a ella a la "masa crítica" que ya acumula Providence.

Yo creo que conocemos todos ya más o menos la trama de esta obra: un director de cine algo descreído, desengañado y con la autoestima por los suelos, un pacto diabólico, el guión por escribir de una película de encargo, sectas diabólicas, sexo, mucho sexo, sexo del bueno, ritos diabólicos, escritores malditos…, el guión por descubrir de un vídeojuego secreto, en el fondo de todo, muy en el fondo... Me ahorraré por tanto la sinopsis. Lo que sí quisiera destacar, y de ahí tal vez provenga la prevención anterior, son los momentos en los que yo me he sentido verdaderamente dichoso leyendo Providence al margen de otras conspicuas consideraciones. Son, a mi modo de ver, cinco momentos estelares de la novela porque en todos ellos la capacidad de persuasión del autor brilla a una altura extraordinaria que me ha recordado la misma gozosa intención (en apariencia, sólo en apariencia) de contar, de narrar sin otra perspectiva que no sea la propia historia y que podemos ver sin dificultad, por ejemplo, en Raymond Russell o en George Perec.

Son, por su orden, la disparatada prueba de adhesión al Régimen a que es sometido Alex Franco a su llegada a la terminal del aeropuerto JFK de Nueva York, con su magnífica conclusión por K.O., según algunas tendencias de la narrativa corta. Más tarde, la entrada del viernes 19 del diario que empieza a escribir Franco a su llegada a Providence, donde se nos cuenta (“se nos cuenta”, sí, no debemos perder de vista a Cervantes) el onírico estreno de la “sensacional” Magnolia, una cinta virgen de tres horas de duración, fíjense ustedes, al que asisten entusiasmados algunos de los más aclamados directores de cine de la historia, Buñuel, Kubrick, Tarantino, Linch, Sirk, Burton, Almodóvar, Pasolini, Resnais…, y en cuyo desarrollo asistimos nosotros a las hilarantes indicaciones de Buñuel a su atribulado director al término de la proyección; también a la conversación sin desperdicio que tiene lugar poco después entre éste y el taimado Spielberg, quien le elogia la cinta diciéndole, nada menos, no se rían, que “es el mejor remake no americano de Tiburón”.

El tercero de estos cinco movimientos, de estas cinco suites que quiero destacar, lo encontramos en la Sitcom que desarrolla Ferré en el Nivel 2, Toma 67 (página 376, línea 26). Otro alucinado duermevela de Franco en el que aburrido, como casi siempre, coge la cámara como casi siempre, la omnipresente cámara digital de última generación, para filmar en su propia casa el fantasmagórico deambular por las habitaciones de algunas de sus conquistas femeninas recientes y pasadas, Eva, Shirley, Tranny, Veronique… (aunque falte, para nuestra desdicha, Sam, la voluptuosa y descarada mujer policia que atrapa en su momento a Franco como a todos los que frecuentamos el porno gratuito de Internet nos gustaría que nos atrapasen...).

Enseguida el cuarto, la alucinante y escabrosa aventura del pseudohomosexual, mojigato y asesino en serie Howard Philips Lovecraft y su amigo del alma el inspector Legrasse, quien lo induce a limpiar, bien protegido, el país de indeseable escoria negra. Un relato donde el horror se entremezcla magistralmente con las más tiernas emociones en la desquiciada imaginación del afamado escritor americano. Y muy poco después (Nivel 3, Inserto 14) la quinta, la última de esas cinco perlitas que tanto me han subyugado, la de la página 425: otro sueño de Franco que transcribe como posible guión de una película que titularía El nazimiento de una nación (el nacimiento de esos nazis, El huevo de su serpiente, aún palpitante a lo que parece). Una apoteósica escena en la cual Eva, su amadísima Eva Dhalgren, aborda un autobús repleto de negros y se exhibe provocativa portando un chaleco repleto de explosivos que hace estallar mientras Franco, nuestro héroe Franco, lo filma como siempre todo con prurito documental.

Bien, como dice Barthes, el texto que el escritor escribe debe probarle al lector que lo desea, esa prueba existe: es la escritura. La escritura, sigue diciendo Barthes, es esto: la ciencia de los goces del lenguaje, su Kamasutra (de esta ciencia no hay más que un tratado: la escritura misma). Hasta aquí la cita de Barthes. Ferré con su escritura, pues, sólo ya con estas partículas, nos ha demostrado (a mí al menos me lo ha demostrado) que nos desea. De ahí tal vez el placer que me ha procurado, lo cual no es poca cosa según creo.

Hay más, bastantes más momentos reseñables, pero yo me quedo con estos. Como también hay muchos aspectos que comentar de esta infatigable novela, y de los cuales sólo nombro algunos de ellos porque no vería el momento de terminar su desarrollo y tengo, excusadme, muchas cosas que hacer: su corrosivo humor, su sarcasmo, sobre todo; la brutal crítica a gobiernos (o desgobiernos), corporaciones y multinacionales, al poder que se sustenta en el dominio mediático; su crítica a la mediocridad, a la impostura académica, la autocrítica del propio autor… Tendríamos que referirnos, claro está, al universo sexual de esta novela, a su androginia, su misoginia también, su feminismo a la vez, tendríamos que referirnos a la obsesiva y desvergonzada presencia del sexo en ella, lo cual me ha hecho pensar en lo poco frecuentada que sigue estando la estela dejada por nuestra ilustre Lozana andaluza. Tendríamos que referirnos por supuesto a la abrumadora presencia del cine aquí… Pero dejémoslo en esbozo.

Un último apunte me permitiré, no obstante. En eXistenZ, de Cronemberg, que deben apresurarse a ver si no lo han hecho todavía, dice uno de los personajes que “en la vida real no ocurre nada interesante”. Es por lo cual todos se aprestan a participar en el juego de realidad virtual creado por Allegrea Geller, a quien adoran los usuarios como a una diosa. Este juego les proporcionará sin mayor esfuerzo las excitantes aventuras y el ambiente sensual que tanto desean, de ahí su perniciosa adicción y los numerosos enemigos defensores de la realidad “real”con los que cuenta. Juan Francisco Ferré ha creado un artefacto similar en el que el protagonista Alex Franco está viviendo sin saberlo tal vez su realidad virtual de un modo realista. Pero quién sabe además si, como sugiere Cronemberg, Juan Francisco Ferré, su creador, no es también un personaje del juego, si nosotros mismos, incluido este libro que hemos leído, no somos más que códigos informáticos y formamos parte a nuestra vez de un universo virtual que ignoramos como buenos jugadores. Con esta novela tendremos la oportunidad de planteárnoslo al menos, lo cual no es poca cosa tampoco. Debemos saber, eso sí, que no hay objetivo, que sólo cabe jugar y hacer las preguntas adecuadas. Por nuestra parte entonces, sólo si por el momento sabemos disfrutar en el papel de lectores que nos hemos asignado en esta novela de aventuras habremos superado el primer nivel. Ah, y también cabe la posibilidad de pedir pausa si no nos sedujera continuar interrogándonos…

94 comentarios:

J. A. Montano dijo...

Aún no la he leído, pero lo haré este verano. Excelente comentario el tuyo, querido Paco. Te has merecido enlace en el blog de Ferré :-)

Francisco Javier Torres dijo...

Bueno, yo creo que la novela es estupenda. Me ha vencido, a pesar de mis prevenciones y mis recelos, y por eso sólo ya debo tenerla en gran estima, desde luego. De veras que he disfrutado mucho con ella, merece la pena, Montano mío, echarle un ojo, no te quepa duda. Luego si quieres podríamos acrecentar juntos el destripe un día que te cuadre... (Y a ver si enlaza el prócer, sí, a ver, je, je, y paso al segundo nivel...)

Miguel Giner dijo...

Valiosísimo artículo, Paco, a la altura de la novela. Yo creo que has rebasado el nivel máximo con creces. Un abrazo.

Francisco Javier Torres dijo...

Ah, muchas gracias, Miguelito mío. Tú leíste ya el mamotreto del amigo Ferré ¿verdad? ¿Te parecen acertados entonces estos apuntes? Yo añadiría otro más, que tiene bastante que ver con ellos, por cierto: uno de los aspectos que tal vez podría irritar más de la prosa de Juan Francisco era su alarde cubista, la frialdad analítica con que retorcía las frases buscando sorprender con puntos de vista inauditos. A mi modo de ver, esto, aun sabiéndolo apreciar desde el punto de vista creativo, le daba al lenguaje una relevancia excesiva que lastraba la fabulación. Aquí sucede esto en ocasiones, claro está (no se acuesta uno tantos años con la misma mujer en vano) pero están muy localizadas, pueden obviarse por tanto. Lo habitual ahora (y Juan Francisco seguramente me regañará, je, je) es que el lenguaje, sin haber cedido un ápice en su calidad, esté al servicio de la historia y logre persuadirnos por sí misma. Lo cual me parece a mí, ya digo, un avance cualitativo de nivel máximo, ése sí que sí.
Ah, y no nos olvidemos, ya de paso, de las insistentes paradojas que pueblan el texto provocando ese ambiente nebuloso que tan bien le cuadra...

Miguel Giner dijo...

Bueno, yo, a mis cuarenta y muchos abriles, hace solamente unos meses, realmente, comenzaba a aventurarme, como lector (como qué si no), en las intrincadas selvas de los altos textos literarios, después de largos años de desencanto erótico-festivo. Compré esta chaqueta novelística (más bien por haber oído hablar de su éxito y por el morbo que me daba que la hubiera escrito J.F.) y enseguida me di cuenta de que me quedaba grande, enorme...Así que, tras su lectura, observé que necesitaba un curso de autoayuda. Y aquí llega tu artículo, después de otros muchos visitados y rastreados en el blog de Juan. Tu artículo providencial (permíteme el juego nominal), reitero, de los mejores que he leído, y que espero pase pronto a formar parte de la dilatada masa crítica de esta obra en su merecido puesto de honor. Sobreviene entonces, como digo, tu magnífica entrada, acertadísima, instructivísima y pedagógica para mi aún pobre comprensión escrita en los terrenos de la alta cocina literaria. De ahí mi eterno agradecimiento porque leer este "post" de usted, maestro, (entiéndase únicamente como "mensaje") ha significado una reválida necesaria a la hora de poder explorar definitivamente los cimientos fundamentales de una novela que probablemente haya dado ya (no sé si por sí misma o con las aportaciones del resto del aparato nocillero) la vuelta - de tuerca, necesaria o no - al mundo de la narrativa en español. Es posible que a la prosa de Ferrer le falte desbroce de hojarasca innecesaria en puntos determinados, y es evidente que haya asumido riesgos sorprendentes en casi todos los ámbitos de la estructura, etc, pero es también posible que estemos hablando de uno de los hitos de la prosa en castellano del siglo XXI. Sea como fuere, no queriendo aburrirte más con mis parrafadas de novato, ni emborronar la enorme calidad de tu magistral artículo, sólo me queda quitarme el sombrero, sentirme orgulloso de tener vuestra amistad y mandarte desde aquí este fuerte, fuerte abrazo.

J. A. Montano dijo...

Estoy de acuerdo con lo que dices en tu último comentario, amigo Paco. Y tengo para mí que esa *evolución* estilística en la prosa del amigo Ferré se debe (no hay que ser un hacha filológico para apreciarlo) a mi beneficiosísimo influjo. La frecuentación de mi blog ha convertido a Ferré en un, ya sí, prosista legible. Hay dos etapas, pues, en la obra ferreriana: aquella en que Ferré aún no había recibido el influjo de Montano, y aquella otra en que ya sí lo había recibido. Salta a la vista, ¿no te parece, Paco?

Francisco Javier Torres dijo...

Jajaja, qué diablillo...

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Pobre Montano siempre necesitado de llamar la atención con sus gracietas de tres al cuarto. Ojalá algún día sea usted capaz de elevarse o descender, aquí me da igual el verbo, a las cimas o a las simas de mi prosa, ante PVD o post PVD. Su estilo pacato y relamido queda muy bien con los arcadianos pero créame que junto a los verdaderos creadores de prosa usted no pasaría de pequeño periodista con ínfulas...Tampoco ha demostrado usted gran cosa con la que fundar sus grandilocuentes opiniones y juicios (sobre todo los despectivos, tan habituales). Más le valdría bajarse del absurdo pedestal donde su vanidad lo encumbró sin grandes motivos y practicar con su persona el realismo más estricto, que no es, desde luego, un problema de prosa, ya quisiera...

J. A. Montano dijo...

Jo, macho, que era una broma... Entre los muchos tesinando que estudiarán, si no están estudiando ya, tu obra, probablemente haya alguno que escriba la siguiente tesis: "La autoironía de Ferré: la gran ausente". Y tu biógrafo bien podría titular la monumental biografía que te dedique: "Juan Francisco Ferré o el elefante de su ego en la cacharrería".

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Montano, acepto la broma, por eso no digo gran cosa, pero sabes que me has gastado algunas bromas últimamente que le quitarían la autoironía a cualquiera. Viniendo de ti a lo mejor ya estoy algo saturado de bromas...

J. A. Montano dijo...

¿Que no dices gran cosa? ¡Si me has dejado sepultado! Pero yo *sí* me lo tomo con humor... Y además tienes razón: mi prosa es muy endeble. Sólo que así va bien para mis propósitos.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Y ahora lo importante...

Querido amigo Paco: magnífica reseña. Le agradezco todas sus palabras y sobre todo la transmisión de un goce legítimo (tan barthiano) con el texto de la novela. Me gustan los fragmentos que selecciona, y me gusta el comentario general, acertado, sutil. En cuanto a los contrastes con mi obra anterior, es cuestión más discutible y no entraré ahora. El exceso de la teoría en ciertas aproximaciones a PVD, sobre el que usted previene, es inevitable en la medida en que la novela, siendo una juerga literaria, implica también niveles de lectura que sin la teoría serían inalcanzables, aunque no sean imprescindibles para su disfrute. Bien está, no obstante, una lectura en primer grado, sin pretensiones intelectuales, de un texto de ficción que se toma muy en serio lo que usted llama justamente fabulación y que apuesta por una literatura con humor. Por desgracia la teoría es útil, sobre todo, cuando se trata de deslindar una novela como la mía de los artefactos mercantiles que colman el mercado...

En cualquier caso, todo mi agradecimiento sincero y mis elogios a su estupenda lectura de PVD. Por cierto, me encanta la ilustración elegida, tan cercana y tan lejana (en años-luz)...

Un abrazo,
JF

PS: Y Miguel, gracias a ti también por tu generosa lectura y por tus comentarios.

Francisco Javier Torres dijo...

Pues me alegro mucho, amigo Ferré, de que le haya gustado el comentario. Imaginaba, no obstante, que esa prevención que hago iba a ser lo que le llamara tal vez más la atención. Yo, desde luego, no desdeño la teoría, como creo que usted sabe, y creo haber sugerido en el comentario. Lo que me irrita es, y no lo digo para este caso en concreto, sino en general, el afán de muchos exegetas por hacer oscuro algo que de por sí no lo es, o no lo es tanto. Necesitamos desde luego de la teoría para fundamentar nuestras impresiones muchas veces intuitivas, y para iluminar esas zonas no gratuitas que de otro modo pasan desapercibidas pero que con su bastón no hacen sino aumentar nuestra admiración por la criatura, sea de la índole que sea (pienso ahora, por ejemplo, en la simbología iconográfica de la pintura del Renacimiento). Pero de ahí a venir a decir, poco más o menos: "esto me pertenece y tú no entras, te prohíbo el paso", como se hace en ocasiones... No sé, pienso en Kant, en Hegel, Nietszche... Son casos extremos, lo sé, pero que casi están ahogados ya, pobrecitos, por un océano de exégesis ininteligibles muchas de ellas, cuando la intención del propio autor resulta diáfana al acceder directamente a sus textos, creo que no es fácil disentir.
Eso es lo que no me gustaría que ocurriera, en primera instancia al menos, con un texto que a pesar de su indudable carga intelectual, considero yo eminentemente hedonista (¡y me encanta que así sea, por otro lado!). Bueno, eso, y la sensación que no me abandona de que muchas veces somos nosotros mismos los que complicamos las cosas porque sí,

Por lo demás, sigan, sigan, gallitos, me encanta oírles cacarear (je, je).

J. A. Montano dijo...

Me gustaría hacerle la siguiente pregunta a Ferré:

¿Contemplas la posibilidad teórica de que a alguien pueda no gustarle "Providence" sin ser un hijoputa? :-)

Darth El Deconstructor dijo...

Doy por zanjada mi polémica con Montano, él sabe que nos castigamos las fauces como púgiles en un gimnasio de John Huston sin otra intención que probarnos, a base de buenos golpes, la amistad duradera...

Concuerdo en lo que dices sobre la teoría, pero me alegra el renuncio con el que, desde su texto, apela a la autoridad del único teórico hedonista de la historia de la literatura (el maestro RB). Lo que me complace aún más. En esa misma dirección, encuentro muy sugestivo su apunte sobre el sexo de la novela y su referencia a la Lozana, tan poco tenida en cuenta en la narrativa española excepto por JG, ya sabe. Me permito, no obstante, rectificarle otro apunte: comprendo su deseo de verla reaparecer, pero era imposible que la policía figurara en la memoria audiovisual de la cámara de Franco cuando no había pisado aún su casa, enclave de la sitcom de marras. Recordará usted cómo lo hace mucho después, sólo tras la violación de Franco, ejem, no desvelo más...

Ya le digo, estoy encantado de su persuasiva e inteligente crítica. Se ha ganado con ella un lugar meritorio en el dossier masivo de PVD, jejejeje...

Darth Invader dijo...

Y me alegra aún más oírle hablar de "la autocrítica del autor", buen apunte...

Darth Invader dijo...

Montano, leo tarde tu último post, tu pregunta está mal formulada, ese no me parece el problema entre tú y yo. Es perfectamente entendible que haya gente a la que no le guste mi novela, y no veo problema en ello, creo que no es éste el punto de la discusión...

J. A. Montano dijo...

Ah, no tenía que ver con lo anterior: la pregunta era en general. ¡Pero también era broma, obviamente!

Yo aún, como digo, no la he leído. Pero espero hacerlo este verano. Y si me gusta lo diré (y lo celebraré), por supuesto.

elprimodezumosol dijo...

Pues yo no leeré nunca la providencial ensaimada del señor Ferré. Un individuo tan impermeable a la ironía y al sentido del humor no puede escribir algo tan gordo que no sea un coñazo. Por otra parte, su actitud para con Montano, quien le dedicó no hace mucho un magistral ejercicio de admiración ("La erudición de Ferré") deja mucho que desear, y por conparación me lo hace aparecer sin más como un escritor menor.
Sr. Ferré, hágame caso, pida disculpas a Montano y a sus lectores. ¡Somos legión!

Desierto Polaco dijo...

Providence: 3,78.
Montano: 3,77.

Bil dijo...

[83] Escrito por: Adrede - 13 de mayo de 2010 13:36:00 GMT+02:00

Ferré es a la literatura lo que el Ferrero Roché al chocolate.

Miguel Giner dijo...

Gracias a ti, estimado Juan Francisco, por hacerme disfrutar de tan magnífica lectura, aunque, como he dicho en alguna parte, he necesitado de algún que otro andador teórico. Espero ansioso tu próxima obra. ¿Se oye por ahí que un PVD (II) ?

Un abrazo enorme.

Miguel Giner dijo...

[Ah, Juan Francisco, retiro la pregunta. Ahora veo en tu blog que se trata de un artículo "GPS", otro "GPS2" (y "GPS3"), en Kritik, no una segunda parte de PVD. Otra corrección: Ferré y no Ferrer. ]

Sorry.

Francisco Javier Torres dijo...

Ese renuncio, como usted dice, no es sino un guiño complice, a pesar de todo, ya digo, hacia la absolutamente necesaria reflexión sobre esto o aquello o lo de más allá. Incluída una pequeña burla también, fíjese si no en la ridícula extensión de la cita y en las acotaciones que contiene para que no se pierda el lector (je, je). Me alegro yo a mi vez, en cualquier caso, de que haya reparado usted en ella.
Y honradísimo, honradísimo con su intención de enlazar mi modesto comentario a su textículo. No otra cosa pretendía, como podrá usted imaginar, claro está, claro...
Ah, por cierto, me confundo entonces con las visitas, pues tampoco, que yo recuerde, había estado Veronique en la casa de Franco alquilada a los Klingon (estupendo apellido "estelar", por cierto también), de ahí tal vez que no aplicara yo ese nexo entre ellas... Pero bueno, eso, que lo desvelen a su modo los que aún no lo han hecho.

Francisco Javier Torres dijo...

Ese renuncio, como usted dice, no es sino un guiño complice, a pesar de todo, ya digo, hacia la absolutamente necesaria reflexión sobre esto o aquello o lo de más allá. Incluída una pequeña burla también, fíjese si no en la ridícula extensión de la cita y en las acotaciones que contiene para que no se pierda el lector (je, je). Me alegro yo a mi vez, en cualquier caso, de que haya reparado usted en ella.
Y honradísimo, honradísimo con su intención de enlazar mi modesto comentario a su textículo. No otra cosa pretendía, como podrá usted imaginar, claro está, claro...
Ah, por cierto, me confundo entonces con las visitas, pues tampoco, que yo recuerde, había estado Veronique en la casa de Franco alquilada a los Klingon (estupendo apellido "estelar", por cierto también), de ahí tal vez que no aplicara yo ese nexo entre ellas... Pero bueno, eso, que lo desvelen a su modo los que aún no lo han hecho.

Anónimo dijo...

A mí, Providence, la grandísima Providence, se me cayó de las manos mediada su lectura. No me creía lo que decía. El gran problema, y me asombra que nadie lo consigne, es que Ferré imposta la voz y las maneras de Juan Goytisolo, y su novela es una goytisolismo continuado. Podría llenar varios folios con frases de Goytisolo y debajo las de Ferré que son casi un calco. No dudo que el calco sea inconsciente y que Ferré diga que es un homenaje al maestro, pero eso, y repito que me extraña que nadie lo haya dicho, ahoga lo bueno que pueda tener la novela.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Ya veo que el amigo Montano ha llamado al séptimo de caballería de los arcadianos para defenderse de mis (irónicos y no demoledores)ataques o curar sus heridas, quién sabe. A los cobardes que usan seudónimos para encubrir sus agresiones contra mí no puedo sino despreciarlos más. Ese que se atreve a descalificarme por mi supuesta falta de humor y de ironía se ve que no sabe nada de mí y dispara a ciegas. Si interviene en una entrada donde se dice lo contrario de lo que usted dice al menos tenga la honestidad de callarse y no use la plataforma que se le ofrece para desahogar opiniones que nadie echaría en falta. Al menos Montano y yo damos la cara con nuestros nombres y firmamos nuestras opiniones y juicios. Y por eso nos hemos ganado el derecho a discutir entre nosotros sin que ningún extraño intervenga en nombre de causas más que dudosas. Empiezo a estar cansado de todos esos mediocres que usan la blogosfera para difundir sus insultos y promocionar sus insignificantes egos...

Montano: ha hecho usted un caso grandilocuente y algo masoquista de un rifirrafe que podría haber quedado entre nosotros, como otras veces, sin mayor historia, pero ha preferido ostentarlo para diversión del vulgo que le sigue y enconarlo contra mí. Lo siento pero usted no me epata, ya quisiera. No se engañe ni se adorne tanto ante sus seguidores. Le gusta tocarme los cojones, usted sabrá por qué, y a mí responderle como se merece, de la manera más contundente si es posible. Y no le hablo desde ningún pedestal, aunque mi novela bien podría servirme de tal en todos los sentidos, por cantidad y por calidad. Lo que acabo de descubrir es que le gusta que le dé fuerte. Y eso me molesta. No me gusta dar placer a quien no me pone...

Anónimo dijo...

¿Y de lo mío, qué? o, ¿por qué la crítica calla lo que interesa y no es lo suficientemente valiente como para ir a contracorriente de verdad? O lo que es lo mismo, ¿por qué no desvela las imposturas? o ¿hay grietas en el pensamiento dominante, quién las atraviesa? o los rebeldes de ayer son los apdres de los mansos de ahora.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

No es mi costumbre responder a Anónimos, pero el último me ha suscitado tantas carcajadas involuntarias que no puedo refrenarme. ¿Que yo imposto la voz de Goytisolo? ¿Y que ése es el problema principal de Providence? Venga ya, hombre, para defender un dislate semejante al menos tendría que enseñarnos su título de doctor (o, en su defecto, de catedrático). Es lo que corresponde. Salvo que sea usted un niño de siete años, en cuyo caso habría que apelar a la autoridad intelectual de Groucho Marx. Una prueba de la salud intelectual de una gran parte de la crítica española es que nadie haya enunciado en serio una opinión como ésa...
Le asiste todo el derecho a que no le guste mi novela, como al gestor de este blog lo contrario, pero no me argumente razones tan peregrinas. No voy a negar la importancia que para mí tiene Goytisolo, pero decir que Providence es una continuación de Goytisolo sólo puede surgir de alguien que no conoce muchas referencias fuera de la literatura española, sinceramente. Si no, sería imposible...

Anónimo dijo...

¿Continuación? Yo no he dicho eso, en modo alguno. He dicho copia o impostación, que es diferente.
El título de doctor y la crítica escrita puede que se las enseñe algún día. Y las referencias a la literatura no española también.
Nos e mire tanto el ombligo y piense que es ud. el único que sabe, el único que ha estado en una universidad norteamericana, el único que conoce a Jameson, Baudrillard, Derrida, Greenblatt o Paul de Man. Recuerde el loro de Flaubert.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

No sé qué debo recordar del loro de Flaubert. Me da la sensación en que usted se ha quedado con el título, o las malas lecturas del título, y no conoce bien la novela. En cuanto al uso de la teoría, no me la doy de nada, ni siquiera la había sacado a relucir en mi respuesta. Parece que sus complejos hablan más que sus palabras, a pesar de la máscara anónima con que se encubre. Repito: que usted pueda pensar que una novela como Providence se funda en la imitación, copia, emulación o impostura de Goytisolo es una prueba de que no la lee bien y, en ese sentido, no me extraña que se le caiga de las manos. Si fuera honesto, y sin ir muy lejos, sólo con leer lo que el gestor de este blog ha escrito sobre mi novela le debería bastar al menos para empezar a dudar de su certidumbre en la materia. Por si le parece poco, hay un dossier crítico bastante completo donde podría confirmar esas dudas. Sólo veo en su actitud un deseo de negar la novela. De encontrar motivos para justificar su rechazo. Usted sabrá sus motivos. Está en su derecho, repito, pero no busque justificaciones de ese tipo...

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Amigo Paco: la clave de lo que hablamos está en la cámara, en la memoria audiovisual de la cámara, es de ahí de donde extrae Franco sus fantasmas femeninos en esa secuencia que usted pondera tan acertadamente. Ser o no ser filmado, he ahí el dilema...

Anónimo dijo...

Yo me refería al loro de "Un coeur simple", pero da igual.
Y tiene ud. razón, son mis complejos lo que me han hecho citar la teoría (que apenas ocupa lugar en su blog) y trato de buscar razones para tranquilizar mi conciencia de mal
lector.
Respecto a ese dossier crítico: Alguien recopiló las críticas numerosas de varis obras maestras. Era para mondarse lo que allá se decía. En el otro lado está Baudelarie, que escribió mucha crítica elogiosa de quienes hoy solo son una nota a pie de página de la obra baudeleriana.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Aún más incongruente me parece la referencia al loro de Un coeur simple en este caso. A lo mejor está usted pensando en Bouvard et Pécuchet, esa obra maestra del mismo autor que a lo mejor no ha leído...

Uso y abuso de la teoría en todas partes, sin complejos, pero desde luego no en la respuesta que le di a su primer comentario, que no la merecía. Su apelación a Baudelaire da risa. ¿Eso es todo lo que se le ocurre como estrategia para desacreditarme o desacreditar el dossier que ha merecido mi obra? ¿Citar a un poeta decimonónico archisabido? A mí me da igual si Providence es una obra maestra o no, esos términos están para mí desfasados. Sea capaz usted de escribir algo por sí mismo y entonces hablamos...

Bil dijo...
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Bil dijo...
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Bil dijo...

Ya que el tal Ferré no permite comentarios críticos en su blog si éstos no son adulatorios, voy a poner aquí lo que opino del Apocalipsis como contrapunto a la visión de bajo vuelo espiritual que tiene descrita en su novela subcampeona de no sé qué premio dotado de poco importe económico:

"Para mí el Apocalipsis sería una saturación del tal Ferré: que en todas las bibliotecas del mundo no hubiera más que ejemplares de PVD del tal Ferré, que todos los periódicos del mundo no contuvieran más que columnas del tal Ferré comentando su PDV, que todos los blogs de Internet estuvieran copados por el tal Ferré escribiendo compulsivamente sobre su VDP, que todas las tertulias de la radio estuvieran compuestas por el tal Ferré polemizando consigo mismo sobre su DVP, que todos los telediarios fueran presentados por el tal Ferré dando noticias permanentes sobre su VPD, que todos los taxis del mundo fueran guiados por el tal Ferré recomendando su DPV de los cojones y así... Y en esa tesitura todos los intelectuales con sentido del humor, asfixiados por la lúgubre seriedad del tal Ferré, se pegarían un tiro esperando que no exista la otra vida porque, de lo contrario, al llegar al cielo o al infierno, probablemente se encontrarían con que Dios y el Diablo son los secretarios del tal Ferré y el programa en ambos dominios extraterrenales sería el mismo: escuchar por megafonía la prosa del tal Ferré leída interminablemente por el tal Ferré."

J. A. Montano dijo...

Jajaja, menuda se ha armado! Yo sólo puedo decir que no he llamado a ningún séptimo de zumosol, sino que éste se ha presentado *espontáneamente*. Añadiré, para terminar por mi parte, que más allá de las bromas y los reparos, aprecio mucho a Ferré. En cuanto a Providence: ya digo que la leeré en verano y prometo emitir mi juicio, *aunque* sea positivo :-)

Bil dijo...

Montano

Tú, en cuanto gourmet literato, ¿quién crees que es mejor escritor, uno que transcribe su experiencia vital u otro que crea las historias desde la imaginación?

(No vale el típico 'depende', todos sabemos que la respuesta correcta empezaría por el típico 'depende'.)

elprimodezumosol dijo...

Sr. Ferré,
usted, que ha respondido con arcabuz a la inocente humorada de Montano, hiriendo de paso a sus lectores, se ha puesto en evidencia y quedará para siempre retratado en la historia de la literatura como un escritor carente de sentido del humor. Eso ya no tiene remedio. Ahora, si no quiere también aparecer como un escritor menor (que Montano) y carente de sentido común debería pedirle disculpas cuanto antes y no marear más la perdiz. ¡Pída disculpas de una vez a Montano, sr. Ferré! ¡No deje que este suceso malogre su prometedora carrera literaria!

Miguel Giner dijo...
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J. A. Montano dijo...

Bil: a mí me interesa el primero; y también el segundo, en la medida en que sus imaginaciones sean la correa de transmisión de su experiencia vital. De todas formas, no están separados ambos ámbitos: se alimental mutuamente.

Lo que cada vez me interesa menos, y de ahí mis roces con el amigo Ferré, es la novela como "producto cultural". No niego que Providence sea una novela tremendamente importante: sólo digo que eso en sí mismo me importa un bledo. Si me gusta cuando lo lea no será por su *importancia*, sino por otros motivos que nada tendrán que ver con ella.

Puede darse el caso de que una obra con un voluminoso "dossier" me la sople; y otra sin dossier (o incluso con antidossier) me conquiste.

Yo estoy en otro rollo. La Literatura me da igual. Como decía Bernhard: "no estoy entre los escritores".

(P. S.- No desprecio la importancia, ¿eh? Y si yo fuera Historiador de la Literatura, por supuesto que ahí sí que habría que calibrar importancias y escalafones. Lo único digo que a mí, *personalmente*, me la suda todo eso. Soy un lector que va a su bola. No leo para formarme un currículum.)

elprimodezumosol dijo...

"La década llegaba a su fin y los críticos de novelas cayeron en la cuenta de que se les había olvidado proponer la gran novela de la década, porque es sabido que toda década debe contar con su novela, su gran novela, la novela que venga a cubrir el feo hueco que quedaría en la historia de la literatura si una década se quedase sin su gran novela. Muy rápidamente se extendió la inquietud entre los críticos: ¡Tenemos que proponer la gran novela de la década!¡Se está acabando la década y aún no hemos propuesto la gran novela de la década!¡Qué va a ser de nosotros los críticos de novelas! No había acabado de extenderse, amenazador, el humo negro de la inquietud entre los críticos cuando, de pronto, enorme y providencial, monolítica, emergió del marasmo cultural de una década la gran novela, el novelón que faltaba, etc."

Anónimo dijo...

"No voy a negar la importancia que para mí tiene Goytisolo...". Vaya, al fin una frase, una sola de Ferré que guarda alguna relación con la realidad. Porque sin la "influencia" de Goytisolo y flia. (p. ej., Julián Ríos), en efecto, ningún arrojado editor habría publicado sus primeras masturbaciones teórico-sadianas. En las que demostraba, entre otras cosas, que no había leído a Sade (hipótesis optimista) o no había comprendido un pijo de lo leído.
El día que leí su chorradita sadiana, supe que no volvería a perder mi tiempo de manera tan chusca. Et je me porte à merveille, depuis...

Bil dijo...
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Bil dijo...
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J. A. Montano dijo...

No, mi respuesta no ha sido un depende: me he *posicionado* en lo primero. Por ahí van mis intereses y mis gustos de lector. Dicho lo cual, hay que añadir lo que dije sobre las contaminaciones mutuas de ambos ámbitos, porque además es así.

Francisco Javier Torres dijo...

Bueno, sólo decir de momento que estoy algo abochornado con lo que se coció en mi ausencia en este saloncito. Al anónimo le pediría por favor que, como se le ha indicado, sea honesto y dé la cara. A los demás, igualmente por favor, les pediría que se reportasen, creo que está de más cualquier alusión personal en algo que se quisiera sólo literario a ser posible. Gracias en cualquier caso a todos por el interés.

J. A. Montano dijo...
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J. A. Montano dijo...

Bueno, querido Paco: mis fans tienen derecho a manifestarse, después del virulento ataque del que he sido objeto. A mí ese ataque me da igual, a mí no me duele, como muy bien sabe el amigo Ferré. Pero mis fans se han visto agredidos en su gusto estético, es decir, en la afición que en mí depositan, y por lo tanto es logiquísimo que se defiendan, incluso contraatacando. Lo que yo me pregunto es dónde están los fans de Ferré. Ellos son quienes deberían hacer acto de presencia aquí: los fans de Ferré. Que se descuelguen del dossier esos fans y que se manifiesten aquí!

Francisco Javier Torres dijo...

Vaya, y yo que ingenuamente creí que eran "mis" fans :-) No digo que no, Montano, ese derecho les asiste a "tus" fans, desde luego, pero, por favor, que no me muevan los muebles de sitio ni me pisoteen mucho el piso, díselo, anda.

Por otro lado, estoy absolutamente de acuerdo contigo en desdeñar toda obra que huela al producto cultural de turno más o menos voceado, creo que ya hemos hablado de eso tú y yo. Y en lo que se refiere a PVD esta actitud se cumple igualmente, pues, quién sabe, tal vez no hubiese accedido a ella de no ser por las circunstancias que conoces de sobra (o no lo hubiese hecho tan pronto, aunque no sé si, por esas mismas circunstancias, es pronto leerla seis meses más tarde de su publicación). Una vez hecha esa prevención, insisto de nuevo en que me venció, pudo conmigo desde un punto de vista lo más estrictamente literario posible, eso es lo que me llena de veras de satisfacción: haber disfrutado y haberme reído con las disparatadas ocurrencias y la mala uva, por supuesto, (bernharndiana incluso fíjate tú), de su autor, nuestro amigo Ferré.
Por otro lado, sí te diré (a ti y al alma en pena que pulula por aquí) que aunque yo no domino a Goytisolo hasta el punto de poder aducir hipotéticamente frases o moldes que pudiera haberle calcado Ferré, lo he leído lo bastante como para que me suene esa afirmación a algo así como de oídas. En cualquier caso, si el narrador (o el autor, vaya usted a saber) me dice en sus páginas (en la 528, concretamente), que no olvide que PVD es en gran parte un plagio, esa posible incomodidad lectora por la tensión imitativa se me debe desinflar inmediatamente, creo que convendrás en eso, no sé.

Ah, por cierto, Juan, se me escapó el matiz, en efecto. Y mejor me lo pones entonces, desde luego.

Ah, por cierto también, gracias, Miguel, por reconvenir al rebaño :-)

Y ahora ya, excusadme, tengo mucho trabajo (no es coña).

J. A. Montano dijo...

Mis fans son también tus fans, Paco: por eso debes tratarlos hospitalariamente...

En cuanto a lo que dijo antes Ferré de que Baudelaire está archisabido. No tanto, querido, no tanto. La frase "que hablen de mí, aunque sea bien" la tienes como asignatura pendiente, querido.

(Es una frase que, además de a Baudelaire, se les ha atribuído a Wilde y Dalí. Pero la uso porque, aunque fuese de alguno de estos dos, expresa a la perfección el espíritu epatante de Baudelaire: ya te digo, asignatura pendiente.)

J. A. Montano dijo...

Yo en el fondo, querido Ferré, estoy colaborando enormemente a tu formación. Te dinamizo con mis coñas. Te convierto, poco a poco, eso sí, y con mucho esfuerzo, en terriblemente contemporáneo.

Raquel dijo...
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J. A. Montano dijo...

Anda, ¿pero qué pasó aquí? ¿En qué momento se jodió el Perú? La donna é mobile! :-)

Raquel dijo...

...qual piuma al vento,
muta d'accento e di pensiero.

È sempre misero
chi a lei s'affida,
chi le confida mal cauto il core.
Pur mai non sentesi felice appieno
chi su quel seno non liba amore.

Miguel Giner dijo...
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J. A. Montano dijo...

No entiendo muy bien qué debemos deducir de su comentario, amigo Giner: ¿Qué todos nosotros somos necios? ¿O que Ferré es Ignatius Reilly?

Yo, en cualquier caso, no estoy confabulado contra Ferré: es mi amigo y le deseo lo mejor. (No confunda las pullitas entre amigos con confabulaciones.)

Francisco Javier Torres dijo...

Lo advierto, apreciados amigos, no admitiré ni un solo comentario más que no se refiera exclusivamente al texto que pretendemos comentar. Tenedlo en cuenta, por favor. Estoy deseando que aportéis algo de interés al respecto. En cualquier otro caso, os ruego os abtengáis de intervenir.

Raquel dijo...
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Miguel Giner dijo...

Mire, Motano, acepto su amistad de buen grado, pero lo que ocurre es que me aburren esas pullitas, más que nada porque ya son bucle.

Sabiendo de las reacciones de JF en determinados puntos de la defensa de su patrimonio narrativo (no vamos a entrar aquí en la demonización o alabanza de dicha actitud), ¿no cree Vd. que frente a él ya sobran esas collejillas cuando no les ve el profesor, que ya no causan el efecto deseado por reiteradas, aunque insista S.S. en la falta de maldad?

El morbo, la gracia, todo lo que desee, pueda estar probablemente en utilizarlas - con toda su maestría de usted, desde luego - una o varias veces, pero sin hacer de ellas plaga. Hasta ahí no veo problema y mantienen mi interés las humoradas.

Quizás, en un calentón puntual, llamar lejanamente necias a ciertas personas o no haber reparado en que podían sentirse partícipes de semejante adjetivo, no haya sido muy acertado por mi parte (máxime siendo para mí desconocidas y viceversa) - pido público perdón -, pero sí entiendo que muchas entradas hayan podido responder a necedad, curable y evitable (y de considerar vuesas mercedes irrelevantes las mías, agacho la cabeza y no hay más que hablar). Insisto, cuando el yogourt de las bromas se pasa de fecha, es probable que acabe cayendo mal en el estómago, órgano que no sé qué etimólogo relacionaba con el sentido del humor.

Repudio, por tanto, la idea de convertir a PDV en obra magífica, amada, para después, en un fingido acto de amor verdadero, pasar, a renglón seguido, a devorarla con crueldad. He aquí la incomprensible actitud de la mantis religiosa para con su pareja.

Entiendo que el setenta por ciento de la literatura española está muerta, agotada, consumida en temática, desfasada en estilo y demás zarandajas. Hay que comprender que, en este sentido, la transgresión ferreniana resulte molesta en las charangas del oficialismo editorial y crítico. Quizás los magnates de la Literatura de consumo hayan logrado denostar sus obras anteriores pero todo el mundo coincide en que con "Providence" lo están teniendo verdaderamente difícil (¿a qué vienen, por cierto, frases escritas por ahí como que el escritor haya sido sólo "Finalista" de un premio de poca cuantía? ¿Qué credenciales presenta ese señor anónimo que tanto le acuso, en otro plano, de plagista goytisoliano? ¡Haga el favor, mequetrefe de ultratumba!).

Ya sería, por otro lado, de auténticos bobalicones dar a PVD por fracasada y seguir encumbrando las leches agrias de M.Molina, valga el ejemplo, que insisten en vendernos como yogur de pitiminí. Justificable, en esta línea, comparar la figura de JFF con la del personaje de JKT aut alii, en cuanto a conducta insurgente frente a lo literariamente correcto y patrocinado por el Ministerio de Cultura con el dinero de todos los contribuyentes, desde luego que sí, y más que justificable ese discolismo reilliniano, si me permiten.

Y lo siento, estimado Torres, si le estorbo me aparto. Sólo le digo que nunca me verá buscar camorra en su portentoso blog. Unicamente ruego comprenda las molestias que producen en mi vista la presencia de los nubarrones de la injusticia y de la envidia. Paso por su acertado espacio para divertirme y aprender, desde luego de Literatura pura y dura, y el aburrimiento no es ninguna especie culinaria que contribuya a mejorar el sabor del exquisito plato de la enseñanza.

Aplaudo, por otro lado, amigo Montano, su espíritu reconciliador (ojo, no podemos poner puertas al campo, al mundo de las buenas Letras; la reyerta de salón o la ramplona paz le son completamente indiferentes). En esa línea que ahora desea adoptar formalemente encontrará todas mis alabanzas a su quehacer crítico y artístico y, lógicamente, mi solaz e instrucción.

J. A. Montano dijo...

Bueno, digamos que yo disfruto con el espectáculo de Ferré respondiendo a estas pullitas. Evidentemente, digo epatar o provocar por terminar antes, pero ya sabemos todos que a estas alturas nada epata ni provoca. O sea, por resumir: yo soy como uno de esos ratoncitos que obtiene placer de darle a la palanquita para que le caiga una galletita. En mi caso, la galletita es la reacción de Ferré. Y me gusta obtenerla una y otra vez. Encuentro placer en la galletita y en la repetición. Un saludo.

Francisco Javier Torres dijo...

Sí, Raquel, no te falta razón. Y ya di un toquecito de atención entonces. Lo doy ahora de nuevo como medida de prevención más bien, intentando evitar tal vez una posible rentré que pueda ir por cauces no deseables. No os lo apliquéis, pues, por favor, exclusivamente los últimos de vosotros.

Miguel, aquí no sobra nadie, y menos usted y sus comentarios, éste último especialmente, que suscribo desde luego, faltaría más...

Por último, como os veo ya a todos, mis queridos amigos, bastante conciliadores, creo que ha llegado el momento de sellar este idilio profiriendo juntos (y una sola vez ¿eh?): ¡¡¡aúpa atleti!!!

Ahora ya, volvamos a Providence...

Santiago Rodriguez Guerrero-Strachan dijo...

Me asomo a este blog porque Montano, el gran Montano, me lo recomienda. Veo peleas, veo piques, escozores de vieja dama altiva venida a menos, y veo una cierta ingenuidad literaria. No sé quién es el Anónimo, o los Anónimos, motejados también como alma en pena y mequetrefe de ultratumba.
Permítanme decirles que el Anónimo (E Pluribus unum) que ha pracitcado con uds. un extraordinario juego lector. Si llega a revelar su nombre, uds. lo habrían leído de otra manera. No se lee lo mismo a JFF que a Montano, que a Juan Calveras o a Camilo José Cela. Lo queramos o no, cuando los leemos vemos también sus personas o personajes. Al no revelarse el anónimo, uds. han sentido el vértigo de no tener ningún punto de agarre. Han sentido de repente el vértigo de quien lee una novela publicada ahora cuyo autor sea anónimo.
Mediten narratológicamente sobre el tema, si lo tienen a bien y no tienen nada mejor que hacer.

Raquel dijo...

¿Eins? Se explica usted de manera tan críptica que he logrado entender poco -y mal-. Mi abuela decía "si empiezas con insinuaciones, no jodas y cuéntalo ya o cállate".
Una preguntita ingenua: ¿sabe usted cuándo siento vértigo de repente? Admirable.
Meditaré lógicamente sobre el tema, dejando el "narrato" para otro rato. Si desbroza usted un poco su "narratio" -y su "redactio"-, quizá logre sacudirme esta molesta ingenuidad literaria.

Francisco Javier Torres dijo...

Por el contrario para mí, Raquel, está todo meridianamente claro, hasta el punto de que acaba de aparecérseme gloriosamente la causa de esos mareíllos que me afectaban desde hace tiempo y que ahora podré tratar gracias a este regocijante diagnóstico. ¡Claro! El vértigo que provoca lo desconocido, los puntos de agarre... ¡Claro!, ¿cómo pude no haber reparado en eso yo mismo antes? En eso y en el "extraordinario" juego, tan iluminador, tan demoledor, añadiría yo, al que hemos sido sometidos, claro está, . No sabe cuánto se lo agradezco, apreciado Strachan. A Montano también, por supuesto. Incluso ahora mismo me siento mucho mejor, tanto como para que me seduzca la idea de plantearme un experimento tipo I. A. Richard con todos los comentarios hasta aquí vertidos, qué digo yo con los comentarios, con la literatura, así, en general... ¡Bendito sea Dios!

Santiago Rodriguez Guerrero-Strachan dijo...

Estimado Torres, no me refería yo a I.A. Richards (que dudo supiera del tema). Hablaba, por el contrario, de "Narratología para dummies" de Javier García Rodríguez, publicado en el último número de "Zut", en el que por cierto también Montano publica un excelente artículo.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...
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J. A. Montano dijo...

¿Yo me las doy de ser un extranjero en la cultura española? Querido Ferré: muchísimas gracias por esa información.

M. dijo...

Yo lo que no sé es cómo carallo puede estar alguien delante de esta página más de dos minutos sin que se le joda la vista.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...
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JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...
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Santiago Rodriguez Guerrero-Strachan dijo...

Ante tan gran escritor, deleuzianamente o kafkianamente (ya quisiera) "minor" (que también lo quisiera) que agavilla tan granado racimo de lectores inteligentes, ríndome y me pongo a sus pies.
Le prometí leerme su "Providence". lament no haber podido ciumpli con mi palabra. Soy un hombre de palabra,quien me conoce lo sabe, pero se me cruzó, una vez más, "paradiso". Y tengo aprendido que después de leer esa obra maestra es mejor no leer ninguna otra novela que no sea maestra (majorizado en novelas y minorizado en sueldo me veo ahora). Por eso no he leído la suya, por evitar que la suya fuera handicapada por la que hubo antes ("Paradiso").

J. A. Montano dijo...

Hombre, querido Ferré: yo no cito a Bernhard para dármelas de nada, sino exclusivamente porque me gusta. Por eso, por cierto, cito también a esos otros autores que para ti no son tan chics como Bernhard. Si se tratara de dárselas de algo, evidentemente no citaría a esos otros autores. Me parece que mi argumento es inapelable.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Amigo Santiago, siento verle acudir a esta cita para defender lo indefendible: el mal humor característico de los fracasados. Si hay en esta conversación alguna vieja dama gruñona y venida a menos, espero por su bien que no sea usted. Por otra parte, se me escapa el motivo de su animosidad, ¿le ofendí en algo? Lea usted lo que le dé la real gana, como hacemos los demás, tampoco yo siento gran interés por su obra, qué quiere que le diga, y no lo voy pregonando por ahí, más que nada por educación. Entiendo que descifrar Paradiso consuma sus energías intelectuales, pero no veo tampoco el interés de hacerlo público...

J. A. Montano dijo...

...leer a Bernhard, por lo demás, no es nada del otro mundo. Es un autor de mucho éxito en España: no es ningún maldito. Si a mí me gusta lo que le gusta a España, me parece fenomenal. No tengo vocación de exiliado.

JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...
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Santiago Rodriguez Guerrero-Strachan dijo...

Lo mío es la alegría. Obra no tengo. "Paradiso" es... "Paradiso", una obra inmensa del siglo XX. Mi escritod e ahora es mi "impostura" (que diría el anónimo) de Cabrera Infante, otro major, o super major pero nunca de majorette, que voy leyendo tropicalmente ahora que el tiempo aprece que se confunde.
Lo de explicarle que no haya leído su obra es simplemente porque en su blog en diciembre le dije que la leería. Solo me interesaba que supiera las razones. Yo a ud. no lo conozco, así que nunca lo insultaría. Lo único que sé es lo que ud. escribe y lo que Montano dice de ud., que es siempre elogioso.

Raquel dijo...
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Raquel dijo...

¡Huy!, espero no ser yo la vieja dama gruñona venida a menos... sobre todo por lo de vieja, no me encaja. No, debe de ser otra porque, ahora que lo pienso, en mi caso sólo cabe venirse a más.

J. A. Montano dijo...

Bueno, yo os he metido en esto y yo asumo todos los improperios: el de bilioso, el de nazi, e incluso el de dama gruñona... Mis queridos fans: quedáis todos exentos. Y ahora os pongo los deberes de leeros "Providence".

J. A. Montano dijo...

Vaya, veo que el amigo Ferré ha borrado sus parrafadas. Lástima: una terrible merma para la Historia de la Literatura.

(Y además, nos ha dejado a los demás con los discursos colgando :-)

Bil dijo...
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JUAN FRANCISCO FERRÉ dijo...

Háganle caso a su ídolo y lean, lean algo, aunque sea Providence, con tal de salir de la Prehistoria todo vale…

Francisco Javier Torres dijo...

De veras que hasta ahora no me había planteado ni un sólo momento la necesidad de moderar los comentarios en mi blog. Desde luego que tampoco podía imaginar que una modesta nota a una novela (no importa si de la década, del lustro o de la quincena, una espléndida novela en cualquier caso cuyo contenido únicamente me ha incitado a poner mis impresiones por escrito) pudiera servir de excusa para que visitantes que quisiera yo en mi casa, y cualquiera en la suya, guardando cierta compustura, se empeñaran en lanzar descalificaciones a discreción sin ni siquiera haberla leído. Lo ocurrido hasta aquí en esta entrada me supera, deben creerme, y como ya dejé dicho, estoy abochornado. No voy a seguir consintiéndolo, también lo dije. Por ello he procedido a borrar algunos comentarios que me parecen absolutamente fuera de lugar, que me disculpen los autores, pero creo que no les será difícil entenderme. Celebro también que el propio JF Ferré haya considerado inapropiadas sus últimas intervenciones y haya optado él mismo por suprimirlas. No lo iba a hacer yo, claro está, porque él sí puede considerarse en su casa y porque comprendo que pueda haberse sentido atacado. De las demás me encargo yo desde ahora. No voy a habilitar la moderación porque me incomoda íntimamente, pero no duden de que cercenaré (sí, cercenaré, con saña) cualquier comentario que se salga de los cauces de una conversación civilizada.

J. A. Montano dijo...
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J. A. Montano dijo...

Bien, querido Paco: estás en tu derecho de cercenar tu página de sus más gloriosas perlas. Sólo me cabe confiar en que todo esto haya servido al menos para que se sepa en el ciberespacio que, si se me ataca, acudirán mis chicos a defenderme. Yo soy yo y mi circunstancia; y mi (gozosa) circunstancia es el Séptimo de Caballería.

Miguel Giner dijo...
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elprimodezumosol dijo...

Puede empezar por aquí, don Giner. De nada.

Miguel Giner dijo...
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Raquel dijo...

El peñazo de la contienda aumenta de manera inversamente proporcional a la paciencia del más pintado. Mi solidaridad, Paco, hombre paciente por excelencia.

Miguel Giner dijo...
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J. A. Montano dijo...

Por favor, Raquel, no digas eso: la contienda ha sido divertidísima. Y ojo: no lo digo tanto por mis chicos como por las intervenciones del propio padre Ubú.

Chu dijo...

¡Uff, cómo está el pátio!
Visto lo visto, pienso habrá que leer la novela, supongo, para poder opinar.
Aunque no sé, exponer mi comentario aquí... como que se me eriza la piel y me da un poco de yuyu. Mejor con una caña.
Besos de mujer perpleja