lunes, 1 de marzo de 2010

Explorador celeste

Llevo tiempo con una canción en la cabeza. Un tema que escuchaba exaltado hace muchos, muchísimos años, un tema de esos que te hacían (que me hacía, vamos) agitar con fuerza la cabeza y dar alguna vueltecita que otra cuando era un jovenzuelo algo alocado (ya no, ¿eh?, ya no). Uno de esos temas que mágicamente se te aparecen sin saber cómo procedente de lo más apartado de tu existencia, absolutamente sepultado como estaba ya por el tiempo y renacido ahora. Es fascinante ese proceso de recordar de pronto algo que conservas latente (lo constatas después) y que tal vez una señal desconocida ¿predeterminada? haga que el mecanismo se ponga en marcha, como en la estupenda película de Frankenheimer El mensajero del miedo, aunque algo menos apocalíptico, eso sí. Pues me acordé de ese tema hace tiempo, pero mi obstusa memoria no quiso proporcionarme todos los datos. Me empeñé en pensar que era de Moris. Y por ese autor lo he buscado, claro, infructuosamente. Ahora otra puta casualidad ha hecho que me asome a fisgonear en la lista de amigos del facebook de mi buen amigo Eduardo Tornay y que me encuentre a uno que dice que es su amigo (pero yo no me lo creo, pues esos amigos del facebook son la mayoría bastante falsos, para que nos vamos a engañar...). Mi amigo Tornay dice que es amigo de Sergio Makaroff, è voila, se encendió otra lamparita en mi trasto mental. ¡Claro, era Sergio Makaroff!, no Moris, el autor de mi canción misteriosa "Explorador celeste". ¡Albricias, la he encontrado!, me he dicho. Y me he apresurado a ponerla aquí para que no vuelva a escurrírseme. Yo la he escuchado ya varias veces, y alguna vueltecita que otra he dado, sí...

3 comentarios:

Raquel G. dijo...

Y volar, y volar, y nuncaaa regresar.
Espero no ser una de esas falsas amigas del Facebuque, ejem.
Yo, por si acaso, ya borré de un plumazo a cuantos considero sospechosos de falsedad en mi cuenta. Pero tú permaneciste, oh, Paco.

Francisco Javier Torres dijo...

Me encantaba la canción, y funciona todavía, según compruebo en mis carnes, vaya. Queee la gravedad me retiene, yujuuu. Y volar, etc., etc. Qué bien me lo pasaba, leche.
Por lo demás, no te hagas la tonta (je, je), ya sabes a qué clase de amigos me refería (de la especie de la cual yo, por cierto, tengo algunos...) sí, mujer, de esos que no conoces de nada pero mola tener enlazados, como el Makaroff o así, vamos.
Por cierto, Raquel, hoy he hecho limpieza en mi cartera y, mira por dónde, me he encontrado tus señas y, plas, otra lamparita ¿te envié algo de lo que dije que te enviaría? Me temo lo peor, ay.

Raquel G. dijo...

Yo te dije estás cumplío, no me tienes que dar ná. Me ratifico en lo dicho, aunque agradezco tu elegancia y generosidad.
Comprar libros es, en mi caso, una placentera compulsión, y si son de una editorial amiga, tanto mejor. Recuerda, por otro lado, que me tomé unos pinchos de balde, acompañados de un par de vinitos. Mucho me temo que los costearas de tu bolsillo, gracias a mi escaso sentido previsor. Fue grata la presentación, grata la compañía, y grata la charla con todos y cada uno de los allí presentes.
Tu indiscutible cordialidad hacia propios y extraños es el mejor obsequio.
Hasta aquí las flores que de justicia son.
Un abrazo, Paco.