"Siendo memoria, y hasta experiencia de un estado original, incorruptible, de nuestra presencia en el mundo, la intuición poética transgrede los significados que nos privan de ésta, y rechaza pues los espejismos, los fantasmas, los malos mitos que nacen de la separación entre las palabras y las cosas. Y de esta vocación de la poesía por lo simple, se deduce que ella le permite al espíritu hallar los datos fundamentales de la vida en lo que ellos tienen de más elemental y universal, y allí está el terreno donde, armado de su lógica, el ser humano puede llevar esta reflexión libre de toda atadura a intereses personales que llamamos razón. ¿La poesía? Es lo que libera la razón, este pensamiento de lo universal, esta exploración de los grandes aspectos y necesidades del estar en el mundo, de las cadenas del habla fantasmática, la cual es consecuencia del encierro de las personas en modos de ser particulares. Y no es precisamente un azar, lo subrayo de paso, si los principales momentos de la invención poética han coincidido en la historia de Occidente con aquellos donde la razón se liberaba, por su parte, de la dependencia en que unos dogmas sin verdad la encerraban hasta entonces. Pensemos en Dante, escribiendo justo después de ese esfuerzo de racionalización, de claridad, que fue la filosofía tomista. Pensemos en Petrarca, esclarecido por el primer espíritu de la Ilustración. Pensemos, como una continuación de Galileo, en Poussin, ese pintor que fue ante todo poeta, y después de los Enciclopedistas en Francia, pensemos también en Hölderlin, en Wordsworth, en Leopardi, en Nerval. Pensemos en casi todos los verdaderos poetas, en suma y preguntémonos, recíprocamente, si las dificultades de la poesía en este final del siglo xx, su incapacidad, a menudo, de tener fe en su vocación, no son también y en primer lugar la consecuencia de la invasión de la sociedad por ideologías cada vez más brutales, que desalientan nuestra razón."(Ives Bonnefoy, La traducción de la poesía, pgs.40 y 41, los subrayados son nuestros)


