domingo, 18 de julio de 2010

Fantasías veraniegas de ayer y hoy



-Méteme, rey, un dedo en el trasero:
cuélame ahora la pieza despacito;
húndela toda bien, que no me quito
y gózame gozando, como quiero.

¡Ay, qué placer! Me matas y me muero;
si esto es pecar, pequémoslo infinito!
¿Quieres meter tu gloria en mi culito
y en el chisme el dedillo traicionero?

-Bien está ya ensartado en el chumino:
la próxima detrás, será riqueza
si es que no me equivoco en el camino.

¡Esto es vivir! Y no los insensatos
que lejos de la cama y de la mesa
pierden el tempo como mentecatos.

¿Que gozar es morir? ¡Bah! Estupideces;
para vosotros la virtud: pazguatos,
por una vez amar… ¡morir cien veces!




-Dejame lo acaricie... ¡Oh, qué tesoro!
Cómo, sin esta joya ser feliz?
Cuando me llena soy... !emperatriz!
¡Verga divina rica como el oro!

Húndete en mí sin miedo, te lo imploro:
Llégame de un envite a la matriz,
que no hay pieza que valga una lombriz
si en la ocasión observa ruin decoro.

-Libro abierto es tu boca, amada mía.
Negarle a buena almena buen envite
es negarle a un enfermo una sangría.

Culos cate quien tenga leve falo:
mas quien goce, cual yo, de un buen retoño,
busque siempre en las vulvas su regalo.

-Dices verdad, que la ilusión del coño
aun las vergas cual ésta que me llena
el conducto que va del papo al moño.



Sonetos lujuriosos, de Pietro Aretino (1492-1557)


El grabado que acompaña a los sonetos es uno de los deliciosos Modi que Giulio Romano realizó para acompañar la edición de los xvi poemas del vate renacentista


En fin, seguimos. En cualquier caso, que disfrutéiiiiis…..

viernes, 16 de julio de 2010

Recordatorio de Vicente Núñez

Hace poco se cumplía el octavo aniversario de la muerte de Vicente Núñez. El poeta de Aguilar de la Frontera nos dejó tristemente el 23 de junio de 2002. La buena noticia, de todas formas, es que desde entonces no han cesado de aparecer publicaciones, como suele decirse, de y sobre el autor. A nuestra modesta contribución con El suicidio de las literaturas, de 2003, donde recopilamos sus artículos de crítica literaria y sus textos en prosa, y que aunque no llegó a ver editada, preparábamos con su concurso en los últimos meses en que estuvo vivo, se unió al año siguiente otra aportación de nuestra editorial al conocimiento y difusión de la obra de Vicente Núñez con la recopilación de los artículos que sobre él había escrito hasta el momento Miguel Casado bajo el acertado título de El vehemente, el ermitaño (dos rasgos, qué duda cabe, definitorios de la personalidad de nuestro autor). Hasta ahí nuestra intervención directa (de apreciable grosor, digamos, ya que hubo antes alguna que otra pelusilla).
Pero en 2005 se constituyó ya por fin de manera oficial la Fundación Vicente Núñez, la cual, y gracias en buena parte a la inquebrantable voluntad de Vicenta Núñez, su directora, se ha ocupado desde entonces sin desfallecer de ir atizando y manteniendo en su apropiado punto de hervor la memoria de nuestro poeta. Tengo ahora sobre mi escritorio creo que todo lo que ha ido saliendo con su patrocinio o su intervención en estos cinco años de actividad. Y su recuento depara alguna sorpresa.
Este encomiable rosario de publicaciones a ella debidas se inició en 2007 con la edición en la editorial Visor de Rojo y sepia, el único libro de poesía que permanecía inédito aún, una colección de poemas breves e impresionistas en la línea de su anterior Teselas para un mosaico (1985), escrito además en esa misma época según las propias declaraciones del autor. Y también se publica, en Italia, una amplia antología de la obra poética de Vicente Núñez, con traducción e introducción de Marina Bianchi, una deliciosa italianita, por cierto, a quien conocí en el Congreso sobre el poeta celebrado en Córdoba ese mismo año. La nota preliminar de esta antología italiana está a cargo del afamado hispanista Gabrielli Morelli, lo que desde luego da idea de su importancia y de su posible trascendencia. Dos libros más aún salen en este año. Uno de estos quizás sea el que introduzca en primer lugar esa sorpresa a que me refería. Se trata de la antología El fervor y la melancolía, preparada por el antólogo mayor del reino Luis Antonio de Villena, y que lleva como subtítulo los poetas de Cántico y su trayectoria. Los poetas de Cántico, sí, pero en él se incluye (ah, sorpresa) a Vicente Núñez cuando es evidente y conocido que no formaba parte canónica de ese grupo. Como es lógico, señala Villena las diferencias estéticas entre éste y los otros. La inclusión de Núñez ahí la fundamenta entonces en razones de amistad, y tras el placet, claro está, de Pablo García Baena, ángel custodio del grupo, a la vez que arcángel protector de Núñez. No chirría aquí, no obstante, en exceso la iniciativa por la misma naturaleza subjetiva de la propuesta de Villena, sobre todo; tampoco, porque es desde luego manifiesta la gran afinidad personal entre Vicente Núñez y los componentes del histórico grupo. En cualquier caso, no deja de llamar la atención si nos ponemos a pensar en una posible maniobra literaria que permitiera la pervivencia de un autor por otras vías que no fueran estrictamente su propia obra. Como si Vicente Núñez en este caso necesitara de esa referencia historiográfica para refrendar su personalidad literaria, lo cual nos provoca (una vez más) cierta desconfianza en los criterios de elaboración de un posible canon, de cualquier canon, para que vamos a negarlo (esto lo sabe muy bien el crítico Miguel Casado, quien se dedica gloriosamente a pervertirlo desde hace mucho).

En esta ocasión el gesto de incluir a nuestro autor en la nómina de Cántico tal vez no pase de ser algo anecdótico y puede que lo que apunto no sea más que produzco de cierta inclinación maliciosa por mi parte. Pero sí causa mayor sorpresa ver cómo esta “inocente” iniciativa de Villena se pretende “institucionalizar” cuando Guillermo Carnero, con el patrocinio una vez más de la Fundación Vicente Núñez, incluye de nuevo al poeta en la reedición en 2009 de su muy afamado e inencontrable e institucional estudio de 1976 sobre Cántico y sus poetas. En esta obra, El grupo Cántico de Córdoba. Un episodio clave de la historia de la poesía española contemporánea, añade ahora Carnero un capítulo dedicado a Vicente Núñez y en sus primeras líneas intenta justificar, cómo no, la ampliación del grupo en términos objetivos, de lógica literaria. Pero la verdad es que no llega a convencer, puesto que para quien conozca la obra de Vicente Núñez, estos argumentos (bastante beligerantes, por cierto, y algo autosuficientes) caerán siempre más bien del lado de la constatación de las evidentes diferencias que de la apreciación de posibles confluencias estéticas. Que las hubo, no digo que no, sólo que éstas fueron iniciales, coyunturales tal vez. Adscribir A Vicente Núñez al grupo de Cántico queriendo aplicar un método científico me parece algo absurdo, cuando no erróneo. Y si quisiéramos hacerlo así, no deberíamos olvidar entonces, pongo por caso, a Juan Valencia en la próxima edición (e incluso a José María Pemán, si apuramos). No, Núñez no perteneció “científicamente” a Cántico, no debemos engañarnos. Otra cosa bien distinta es considerar suficiente para su adscripción el paralelismo en la peripecia vital (incluido, curiosamente, el periodo de silencio de cada uno de los poetas) o su afinidad personal fuera de toda duda. O eso, bastante más honesto, o admitir sin tapujos que para que una obra, una obra absolutamente singular, diga lo que diga Carnero, obtenga su justo aprecio debe ser suministrada con excipientes, con lo cual volvemos algo apenados a lo que decíamos antes sobre la elaboración del canon nuestro de cada día.

En cualquier caso, y dejando al margen las opiniones personales, es evidente que estas dos publicaciones propician a su modo un nuevo espacio de encuentro con la obra del poeta de Aguilar, ensanchan su espacio, si queremos verlo así, de lo cual no debemos sino alegrarnos los nuñecianos.

En 2009 se publicaron también, en la editorial Renacimiento, las actas del Congreso de 2007 sobre Vicente Núñez a que me he referido. En Vicente Núñez. Oralista, poeta, sofista, título del libro, encontramos muy interesantes acercamientos al poeta por parte de Miguel Casado, Juan Carlos Mestre, Celia Fernández, Juan Lamillar, Vicente Luis Mora, o por la mía propia (aunque menos interesante éste ya, claro).

Pero quizás lo más importante de todo esto haya sido la publicación en dos tomos por la editorial Visor de nuevo y a cargo de Miguel Casado, de la obra completa de Vicente Núñez. El primero de ellos salió en 2008 e incluye toda su obra poética conocida y algunos poemas desconocidos o casi. El segundo tomo lo he recibido hace escasos días. Está dedicado a los sofismas de Vicente. Ha sido el que ha provocado ya por fin este irrefrenable deseo de dejar constancia. No olvido Plaza octogonal, publicado en la Biblioteca de la Pléyade malagueña, en la colección Ciudad del Paraíso, quiero decir, que promueve el Ayuntamiento de Málaga. Tampoco olvido una edición en italiano de los Sofismas (sobre los que tengo intención de hablar otro día) a cargo de la italianita Marina Bianchi. Dejo constancia, pues, y me refreno.

lunes, 12 de julio de 2010

Dislexia(s) en Radio5


Juan Jacinto Muñoz Rengel comenta en su programa el libro de Javier B Dislexia(s), ese fresquísimo compuesto literario que hemos publicado también hace nada. Tengan cuidado, en cualquier caso, los hipertensos y los anoréxicos primarios crónicos, su lectura, como se dice ahí, puede tener consecuencias irreparables, ojo.

http://www.rtve.es/mediateca/audios/20100704/dislexia-literatura-breve/820284.shtml

viernes, 9 de julio de 2010

Herta Müller toma los mandos del Mundo


Apoteósico, rendido artículo de Sáenz de Saitegui hoy en El Cultural de El Mundo sobre el libro de Herta Müller Los pálidos señores con las tazas de moca que acabamos de publicar. ¡Doble página y libro de la semana! No se puede pedir más (por el momento, por el momento, sólo por el momento...).

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/27537/Los_palidos_senores_con_las_tazas_de_moca

jueves, 1 de julio de 2010

Festival Pynchon

Juan Francisco Ferré ha colgado en su blog un cadáver exquisito la mar de entretenido. Pynchoncitos en porciones, daditos cuadraditos para consumir así, de un solo bocado. Échenle un vistazo si lo desean, échenselo, verán cómo se agarra el producto al paladar, como el jabugo. Y otros entretenimientos planea, al parecer. Estaremos pendientes...

miércoles, 30 de junio de 2010

sábado, 19 de junio de 2010

El asco

He dicidido hacerme enemigo personal de Ernesto Calabuig, el crítico de literatura hispanoamericana de El Cultural. Así, cuando él ensalce un libro, yo lo denostaré, cuando fustige otro libro, correré yo a comprarlo y a leerlo y seguro, seguro vaya, seguro que será un libro espléndido. No por nada, simplemente porque he comprobado que no da una (o da muy pocas, demasiado pocas, las cantadas, que no cuentan...). De modo que su crítica entusiasta al libro de Claudia Piñeiro que ya comenté aquí, me hizo caer en la trampa pensando que estaba a punto de descubrir un tesoro ignorado cuando el libro no podía ser, (según yo creo, claro está) más malo y más tramposo. Tras este fiasco leí algunos meses después otra crítica del ínclito comentarista. Esta vez se trataba de un libro de relatos del escritor hondureño Horacio Castellanos Moya. Era elogiosa de nuevo, así que desestimé rápidamente su lectura. No obstante, en ese comentario hacía alusión a una novelita corta del mismo autor que tachaba de experimento fallido, de texto vanal con un desmesurado y contraproducente resabio bernhardiano. Umm, Bernhard, me dije, veremos si está en lo cierto el oráculo... Y no, no lo estaba.
Resulta que El asco, la novelita en cuestión del hondureño, es en efecto un ejercicio bernhardiano, y así lo manifiesta el propio autor desde el principio, claramente, en la misma portada del libro, por si pudiera alguien albergar alguna duda. Imitar a Bernhard es una empresa bastante arriesgada, no hace falta a estas alturas, me parece, explicar por qué. Bernhard, con sus personalísimos recursos literarios y su feroz y omnipresente crítica a la sociedad y a la naturaleza del ser humano en general, y a su Austria natal en particular, ha creado un mundo propio de difícil homologación. Por eso mismo cualquier intento de seguir esa senda suya remarcada con absoluta nitidez se torna resbaladizo casi por necesidad. Javier Marías, por ejemplo, lo sabe bien. Castellanos Moya, en cambio, lo digo ya, sale airoso, muy airoso del desafío impuesto. Pone con honestidad todas sus armas a la vista y se lanza a despotricar sin freno sobre El Salvador en este caso, su país de residencia durante muchos años. Y no deja tampoco, como el infatigable austriaco, títere con cabeza. La familia, la religión, la política, la educación, la prensa, la música, la comida, la cerveza, los prostíbulos, los restaurantes, los transportes, la arquitectura, el fútbol (¡el fútbol, albricias, esperemos que sea igual de malo en toda la zona!) el clima incluso (pobrecitos los salvadoreños, qué culpa tendrán) son despedazados sin piedad por boca de Edgardo Vega, un profesor universitario emigrado a Canadá hace mucho tiempo y que vuelve al país, contra su voluntad, claro, para asistir al funeral de su madre. El profesor Vega se cita con el único amigo que mantiene en el país y desarrolla ante él, ante el así llamado Moya, mudo a todo lo largo del texto
(tal vez atónito), su obsesivo, inquietante y a veces delirante monólogo. Y al igual que cualquier personaje de Bernhard con su infalible método especular, el profesor Vega nos provoca con su hiperbólico resentimiento la misma risa higiénica que tanto necesitamos.
Eso en lo que se refiere a la melodía de la novela. Pero podemos comprobar también que este laúd bernhardiano de Castellanos Moya está bien afinado pulsando las notas sueltas del asco (del asco, sobre todo, ninguna sensación más hiriente y despectiva, bernhardiana), de la mugre, la degradación, la calamidad, los energúmenos, los criminales, los esperpentos que transitan por sus páginas; o de la espeluznante, aterradora, horrenda, estúpida, imbécil, apestosa, repugnante, terrorífica, atroz, codiciosa realidad del país y sus habitantes que se nos describe en ellas. Puro Bernhard, no me lo negarán.
Yo creo que como con todos los textos del austriaco, podemos leer esta novela como una gran broma cósmica, siniestra, sí, pero broma después de todo. Sólo de ese modo deberíamos verlo tal vez. Pero se da la inquietante ciscunstancia de que Horacio Castellanos Moya provocó un gran escándalo en El Salvador cuando la publicó y que fue por ella realmente amenazado de muerte si volvía. En ese país quizás no se trate eso de una broma, me temo, según dicen. Por eso, por si acaso, todavía no ha vuelto.
En cualquier caso, ciñéndonos a cuestiones estrictamente literarias, y al contrario de lo que opina mi ya declarado antagonista Calabuig, a mí la novela me parece plenamente lograda a pesar de su servidumbre impuesta, un ejercicio de estilo (ah, mi querido Queneau) que ya quisiéramos muchos imitadores de voces superar con tan buena calificación. Calabuig, pues, no lleva razón en este caso, como tampoco la llevaba en el de Piñeiro. Así que, según he covenido, me saltaré olímpicamente su lectura recomendada de El cojo y el loco, de Jaime Bayly, e iré en busca de El don de la vida, de Fernando Vallejo, otro bernhardiano de pro a su modo y de quien echa pestes el tío.


viernes, 4 de junio de 2010

Mercado editorial (la literatura que viene)

A David Roas, terrorista cultural,

por los muchos atentados

y otras deudas


Apreciado Profesor Bermúdez:

En respuesta a su petición, nos congratula poder adelantarle los títulos, así como una breve sinopsis, de las novedades que nuestra editorial prevé lanzar próximamente al mercado.

Agradeciendo de antemano tanto su interés como la especial atención que estoy segura que dispensará a las mismas en sus oportunas críticas como ha venido haciendo siempre a lo largo de estos últimos años, aprovecho la ocasión para enviarle un afectuoso saludo.

Atte.: Maria Ribera

I. Caspa para una camisa AZUL, de Julián Martínez Bertomeu. Novela de cariz histórico-político que revive la heroica resistencia de un pequeño consorcio de peluqueros de señoras durante los últimos coletazos del franquismo.

II. El hombre que subía demasiado, de Severo Ruiz Cifuentes. Manual de autoayuda del prestigioso psiquiatra y especialista en neurofisiología, director de la unidad docente-asistencial de la City University of New York.

III. Actualidad del origami, de Yasutaka Koi Hernández. Extraordinario epítome (de una no menos cuidada edición) que recoge las tendencias más actuales en Occidente del milenario arte japonés. Dedicando especial atención a los más recientes y destacados ejercicios de doblado en nuestro país.

IV. MARXISMO Y ELS PASTORETS, de Justino Mailer. El osado análisis de las relaciones entre el diablo y la barretina en el que, a la luz de las tesis marxistas, Mailer propone identificar el diablo con el capitalismo y la barretina como símbolo del proletariado, lo que abre nuevas e impensadas vías hasta el momento para la interpretación de una de las obras cimeras de la literatura catalana. Recientemente, merecedor del Premio «Terrunyo» que otorga la Generalitat a estudios sobre la cultura catalana no escritos en catalán.

V. Metafísica del borceguí, de María Luisa Fdez. Bohigas. Excepcional compilación en la que la profesora Fdez. Bohigas realiza un exhaustivo seguimiento de los aforismos más utilizados a lo largo del siglo XX en el gremio de zapateros remendones.

VI. SAUDADE: DEL FADO Y DEL TAM-TAM, de Anabela Macías Ndongo. Antología que congrega las plumas más jóvenes y prometedoras de la renovada lírica poscolonial portuguesa.


(Texto incluido en Dislexia(s), de Javier B., el último título que hemos publicado en nuestra, así llamada, colección Los días terrestres, como este blog, en efecto)



sábado, 8 de mayo de 2010

Providence-Nivel 1

Si les digo la verdad, no puedo negar que poco antes de emprender la lectura de Providence, la reciente novela de Juan Francisco Ferré, me cohibiera, me amedrentara en cierto modo el aluvión de críticas sesudas que se han vertido sobre ella. Muchas apelaban, y lo seguirán haciendo tal vez las venideras, a unas dimensiones teóricas posiblemente de no fácil alcance para un buen número de lectores entre los que podría incluirme sin sonrojo. La mayoría las ha ido recopilando el propio autor en su blog La vuelta al mundo y puede darle un repaso pinchando aquí quien esté interesado en comprobarlo por su propio click (recomiendo no sólo las entradas, sino también los comentarios, claro está, de propios y extraños, algunos de ellos memorables). Ahí se hace referencia con cierta soltura a Lyotard, Barthes, Jameson, de Man, Zyzek, etc., etc. En cualquier caso, no debería entenderse esto como un juicio sobre la pertinencia o no de este tipo de análisis, sobre si le conviene o no al texto esa clase de elucidación a ciertos niveles de exigencia, ni mucho menos. Sólo me parece interesante señalar que un lector que haya conocido antes estos comentarios (como es mi caso) y que tal vez esté no demasiado avezado en estructuralismos, post-, sobre- y trans-modernidades teóricas podría tener debido a ellos la impresión de que le sobrepasará el texto (como tantas veces ocurre por culpa de los exegetas de turno, dicho sea de paso), de que se evidenciará cruelmente una vez más el ya de por sí profundo pozo de su (mi) ignorancia, lo cual le llevará tal vez a un exceso de prevención que acartone la lectura en el mejor de los casos, que se vea inducido a soslayarla, en el peor. Todo lo cual sería un lamentable error, lo dejo claro ya, que nos impediría, en particular ahora, gozar como merecemos de este texto singular. Primero, porque es necesario tener en cuenta siempre que si el texto convoca en torno suyo a tan eminentes referencias, ello no debería ser considerado desde luego sino como la ocasión que propicie nuestra curiosidad, lectores valerosos como somos, después de todo. Segundo, porque la lectura busca en sí misma ser otra cosa bien distinta a una "caza de citas", a un extenuante rastreo de indicios. Eso podrá venir después, si queremos entretenernos en ello. Por tanto, y al margen ya de estas consideraciones previas que a mí, no lo niego, ya lo he dicho, pudieron incomodarme el primer acceso, debemos abordar sin mayores complejos la lectura de esta espléndida novela, entregarnos a lo que nos depare obviando en lo que sea posible todo este aparataje crítico. He ahí mi recomendación esencial, si hubiéramos accedido antes que a ella a la "masa crítica" que ya acumula Providence.

Yo creo que conocemos todos ya más o menos la trama de esta obra: un director de cine algo descreído, desengañado y con la autoestima por los suelos, un pacto diabólico, el guión por escribir de una película de encargo, sectas diabólicas, sexo, mucho sexo, sexo del bueno, ritos diabólicos, escritores malditos…, el guión por descubrir de un vídeojuego secreto, en el fondo de todo, muy en el fondo... Me ahorraré por tanto la sinopsis. Lo que sí quisiera destacar, y de ahí tal vez provenga la prevención anterior, son los momentos en los que yo me he sentido verdaderamente dichoso leyendo Providence al margen de otras conspicuas consideraciones. Son, a mi modo de ver, cinco momentos estelares de la novela porque en todos ellos la capacidad de persuasión del autor brilla a una altura extraordinaria que me ha recordado la misma gozosa intención (en apariencia, sólo en apariencia) de contar, de narrar sin otra perspectiva que no sea la propia historia y que podemos ver sin dificultad, por ejemplo, en Raymond Russell o en George Perec.

Son, por su orden, la disparatada prueba de adhesión al Régimen a que es sometido Alex Franco a su llegada a la terminal del aeropuerto JFK de Nueva York, con su magnífica conclusión por K.O., según algunas tendencias de la narrativa corta. Más tarde, la entrada del viernes 19 del diario que empieza a escribir Franco a su llegada a Providence, donde se nos cuenta (“se nos cuenta”, sí, no debemos perder de vista a Cervantes) el onírico estreno de la “sensacional” Magnolia, una cinta virgen de tres horas de duración, fíjense ustedes, al que asisten entusiasmados algunos de los más aclamados directores de cine de la historia, Buñuel, Kubrick, Tarantino, Linch, Sirk, Burton, Almodóvar, Pasolini, Resnais…, y en cuyo desarrollo asistimos nosotros a las hilarantes indicaciones de Buñuel a su atribulado director al término de la proyección; también a la conversación sin desperdicio que tiene lugar poco después entre éste y el taimado Spielberg, quien le elogia la cinta diciéndole, nada menos, no se rían, que “es el mejor remake no americano de Tiburón”.

El tercero de estos cinco movimientos, de estas cinco suites que quiero destacar, lo encontramos en la Sitcom que desarrolla Ferré en el Nivel 2, Toma 67 (página 376, línea 26). Otro alucinado duermevela de Franco en el que aburrido, como casi siempre, coge la cámara como casi siempre, la omnipresente cámara digital de última generación, para filmar en su propia casa el fantasmagórico deambular por las habitaciones de algunas de sus conquistas femeninas recientes y pasadas, Eva, Shirley, Tranny, Veronique… (aunque falte, para nuestra desdicha, Sam, la voluptuosa y descarada mujer policia que atrapa en su momento a Franco como a todos los que frecuentamos el porno gratuito de Internet nos gustaría que nos atrapasen...).

Enseguida el cuarto, la alucinante y escabrosa aventura del pseudohomosexual, mojigato y asesino en serie Howard Philips Lovecraft y su amigo del alma el inspector Legrasse, quien lo induce a limpiar, bien protegido, el país de indeseable escoria negra. Un relato donde el horror se entremezcla magistralmente con las más tiernas emociones en la desquiciada imaginación del afamado escritor americano. Y muy poco después (Nivel 3, Inserto 14) la quinta, la última de esas cinco perlitas que tanto me han subyugado, la de la página 425: otro sueño de Franco que transcribe como posible guión de una película que titularía El nazimiento de una nación (el nacimiento de esos nazis, El huevo de su serpiente, aún palpitante a lo que parece). Una apoteósica escena en la cual Eva, su amadísima Eva Dhalgren, aborda un autobús repleto de negros y se exhibe provocativa portando un chaleco repleto de explosivos que hace estallar mientras Franco, nuestro héroe Franco, lo filma como siempre todo con prurito documental.

Bien, como dice Barthes, el texto que el escritor escribe debe probarle al lector que lo desea, esa prueba existe: es la escritura. La escritura, sigue diciendo Barthes, es esto: la ciencia de los goces del lenguaje, su Kamasutra (de esta ciencia no hay más que un tratado: la escritura misma). Hasta aquí la cita de Barthes. Ferré con su escritura, pues, sólo ya con estas partículas, nos ha demostrado (a mí al menos me lo ha demostrado) que nos desea. De ahí tal vez el placer que me ha procurado, lo cual no es poca cosa según creo.

Hay más, bastantes más momentos reseñables, pero yo me quedo con estos. Como también hay muchos aspectos que comentar de esta infatigable novela, y de los cuales sólo nombro algunos de ellos porque no vería el momento de terminar su desarrollo y tengo, excusadme, muchas cosas que hacer: su corrosivo humor, su sarcasmo, sobre todo; la brutal crítica a gobiernos (o desgobiernos), corporaciones y multinacionales, al poder que se sustenta en el dominio mediático; su crítica a la mediocridad, a la impostura académica, la autocrítica del propio autor… Tendríamos que referirnos, claro está, al universo sexual de esta novela, a su androginia, su misoginia también, su feminismo a la vez, tendríamos que referirnos a la obsesiva y desvergonzada presencia del sexo en ella, lo cual me ha hecho pensar en lo poco frecuentada que sigue estando la estela dejada por nuestra ilustre Lozana andaluza. Tendríamos que referirnos por supuesto a la abrumadora presencia del cine aquí… Pero dejémoslo en esbozo.

Un último apunte me permitiré, no obstante. En eXistenZ, de Cronemberg, que deben apresurarse a ver si no lo han hecho todavía, dice uno de los personajes que “en la vida real no ocurre nada interesante”. Es por lo cual todos se aprestan a participar en el juego de realidad virtual creado por Allegrea Geller, a quien adoran los usuarios como a una diosa. Este juego les proporcionará sin mayor esfuerzo las excitantes aventuras y el ambiente sensual que tanto desean, de ahí su perniciosa adicción y los numerosos enemigos defensores de la realidad “real”con los que cuenta. Juan Francisco Ferré ha creado un artefacto similar en el que el protagonista Alex Franco está viviendo sin saberlo tal vez su realidad virtual de un modo realista. Pero quién sabe además si, como sugiere Cronemberg, Juan Francisco Ferré, su creador, no es también un personaje del juego, si nosotros mismos, incluido este libro que hemos leído, no somos más que códigos informáticos y formamos parte a nuestra vez de un universo virtual que ignoramos como buenos jugadores. Con esta novela tendremos la oportunidad de planteárnoslo al menos, lo cual no es poca cosa tampoco. Debemos saber, eso sí, que no hay objetivo, que sólo cabe jugar y hacer las preguntas adecuadas. Por nuestra parte entonces, sólo si por el momento sabemos disfrutar en el papel de lectores que nos hemos asignado en esta novela de aventuras habremos superado el primer nivel. Ah, y también cabe la posibilidad de pedir pausa si no nos sedujera continuar interrogándonos…

miércoles, 28 de abril de 2010

Dos poemas de Herta Müller

Nuestra editorial dará en breve el libro de Herta Müller inédito en España Los pálidos señores con las tazas de moca, en traducción de José Luis Reina Palazón. Es un libro verdaderamente sorprendente e inusual. Poemas-collages construidos palabra a palabra con recortes de revistas que incorporan además ilustraciones originales de la propia autora. Estos que adelantamos aquí pueden darnos fiel idea de la originalísima concepción que de la poesía tiene la escritora rumano-alemana, recientemente galardonada con el Premio Nobel. Lo visual imbricado absolutamente con lo conceptual. Sólo de ese modo tan juguetón, y a menudo tan sarcástico, viene a decirnos Herta Müller, puede abordarse algo tan extremadamente trágico como la existencia, o su posible sucedáneo, en la siniestra sociedad regida por el sátrapa Nicolae Ceaucescu en la que fueron concebidos. A ese estado de excepción se alude en este libro que, estamos seguros, no provocará indiferencia en ningún caso.

I

La ciudad del puerto tiene la barriga de agua espumosa
el cielo de carne de sandía el camino rural
para el apartadero una garita de señales y ninguna vía paralela
una boca llena de viento una joroba maíz
apretado muy espetado verde
le pregunté por qué precisamente tú
tienes que marcharte con esas gaviotas de tiza y le miré
de lado mientras hacía las maletas




II

Entonces vino un hombre con un diente
de oro me preguntó qué es un
paralelogramo entonces dije yo pues no
lo sé entonces dijo no importa madame
conozco a dos que lo llevan como baratija
consigo pero también como plantilla del calzado en
días especialmente fríos entonces dije yo si
así lo dice conozco también a uno
personalmente
al otro
de oídas
eso me alcanza ya
bien ordenadamente
para este malestar





martes, 27 de abril de 2010

lunes, 19 de abril de 2010

La última de nuestras excelsas publicaciones

Qué es DISLEXIA(S) y para qué se utiliza

Se presenta en forma de libro debidamente encuadernado. Esta obra pertenece al grupo de las relatodiazepinas. DISLEXIA(S) está indicado en:

-Contracturas existenciales.

-Tratamiento coadyuvante de la estupidez aguda o crónica.

-Afecciones y trastornos de la personalidad edípica (propia o de aquellos con quienes se acuesta).

-Calzado genérico de mesas y todo tipo de muebles que cojeen.

Antes de leer DISLEXIA(S)

No lea estos relatos:

-Si Usted es alérgico a la literatura.

-Si Usted presenta un brote agudo de tortícolis.

-Si Usted padece Humoris Gravis (estados carenciales de sentido del humor).

-Si Usted está embarazada y todavía no sabe de quien.

Tenga especial cuidado con DISLEXIA(S):

Las relatodiazepinas pueden producir alteraciones físicas o psíquicas. En combinación con drogas o alcohol favorecen la dependencia de estos últimos. Generalmente, la lectura de DISLEXIA(S) puede acentuar aún más su sensación de extrañamiento y/o naufragio ante la vida.

Si se observa cualquier otra reacción no descrita, consulte con su librero.

Javier B nació en Barcelona en 1976. A partir de ahí ya fue todo más o menos pura inercia...

domingo, 11 de abril de 2010

Semana de la Edición y la Literatura Independientes (SELIN)














Este lunes próximo comienza en Antequera la segunda edición de la SELIN, la Semana de la Edición y la Literatura Independientes. Desde el lunes, pues, hasta el domingo se van a desarrollar en esta localidad multiples actos literarios, presentaciones de libros, lecturas, talleres y mesas redondas, que tendrán como eje central la edición y la creación al margen de los grandes grupos del ramo, hecho éste que, como sabéis, resulta todo un fenómeno admirado y denostado tal vez a partes iguales dentro y fuera de nuestro país. A partir del jueves además, una treinta de editoriales de toda España que practican la así llamada edición independiente, todas ellas entregadas con resolución a la furtiva caza de lectores tan exigentes como usted, estarán ahí para mostrar su inigualable catálogo a todos los interesados que lo deseen. Un saturnal encuentro en el que entonaremos, seguro, alguna cancioncilla triste, pero en el que prevalecerá, seguro también, la fiesta y la celebración. El programa es prometedor, desde luego. Echadle un ojo, echádselo, ya veréis...

miércoles, 31 de marzo de 2010

La virgen del arte

Hace una semana escasa que se ha instaurado un nuevo icono en la imaginería religiosa malagueña, de tan apabullante presencia estos días en cada rincón de la ciudad. Una nueva imagen valedora a la que dirigir fervores y súplicas o promesas para que ilumine cada uno de los atolondrados escarceos artísticos nuestros, y nos propicie la creación, como los antiguos, en contacto directo con Dios. No es poca cosa. Podemos visitar su capilla, un pequeño oratorio erigido en la calle Duquesa de Parcén, hacia donde deberíamos dirigir más pronto que tarde nuestros muchas veces atrabiliarios pasos. Podemos tratar ahí mismo de disolver esos fantasmas que atormentan casi siempre el exceso de razón creadora, o ensimismarnos, trascendernos, abismarnos, deshacernos de nuestra miserable identidad, para reflexionar sobre ella o la del otro, lo que casi nunca viene mal (con este alevoso propósito están dispuestos los humilladeros, muy pocos, y un mínimo reclinatorio recubierto de crespón negro donde apoyar el devocionario de turno, cualquiera de los que manejemos en ese momento -Adorno, Danto, Brea- delante justo de la Santa proyectada en una inmaculada blancura). Pero, sin dejar de reparar, no obstante, en la corona que adorna su divina cabeza y en sus haces, los cuales nos darán solaz en tan ardua inmersión y nos reconstituirán en caso de extravío, tenemos también la oportunidad de contemplar arrobados el rostro transfigurado de esta nueva Santa en la intimidad de nuestra humilde morada, ya cada vez que nos atormente la terrenal angustia de la sequía creadora, si con ese fin nos hacemos con una de las reproducciones en papel y gran formato de esta arrebatadora Virgen del arte, la misma Irene Andessner gloriosamente travestida de nuevo (antes fue Dietrich, también Mozart), que ha propiciado la Galería JM. Ustedes eligen. En cualquier caso, no dejen pasar esta oportunidad de reiniciar la conexión perdida con el misterio, bien vale eso, aquí o allí, una oracioncita aunque sea corta.

martes, 30 de marzo de 2010

Centenaristas









Me encargan unas charlas sobre Miguel Hernández, de quien se cumplirá el próximo 30 de octubre el centenario de su nacimiento. Picoteo en los textos más o menos panegirísticos de Vivanco, Zardoya, Balcells, Cano Ballesta... Llego a Valente, leo su "Miguel Hernández: poesía y realidad". Extraigo algunos apuntes:

"...su nacimiento literario coincide con un momento (efímero como tal) de máximo fervor tradicionalista por parte de la joven literatura de entonces. Son los años del Centenario de Góngora. Los centenaristas, vistos desde la perspectiva actual, tienen un marcado signo conservador (...) Góngora opera sobre las formas más aparenciales de lo real; poeta del enigma verbal, lo es escasamente de la realidad enigmática."

"Se ha hablado mucho y se sigue hablando de la tensión y poder expresivos de El rayo que no cesa; creo por mi parte que esa tensión y poder se dan en contados momentos, y lo que me parece caracterizar el conjunto del libro es un amaneramiento formal que le resta vigor y originalidad profunda. En él, la influencia de Quevedo es, en efecto, visible en sus mejores piezas, allí donde consigue Hernández sobreponerse al retoricismo laberíntico de la palabra que se retuerce en busca de su propia cola sonora."

"Compárese simplemente el falso ímpetu semioratorio de tantos sonetos de El rayo que no cesa con la terrible lucidez expresiva de la "Canción última" de El hombre acecha."

"Se trata simple y llanamente de que el poema converja o no con todos sus medios hacia la realidad; de que esos medios existan sólo en función del contenido de realidad que el poema revela; y de que, por último, ese contenido de realidad y la estructura verbal en que se aloja sean inseparables."

"Es lógico que esa poesía (tradicionalista) venga caracterizada por un profuso crecimiento de categorías retóricas o por un proceso cada vez más acusado de inflación verbal. Al abandonar tales presupuestos, Hernández rompe revolucionariamente no sólo consigo mismo, sino con el momento literario del que se desprende gran parte de su obra."

Me agradan sus provocadoras afirmaciones, su lúcida tensión con este icono, su claridad en cuanto a lo que deba contener un texto poético. No todo es excelencia en el poeta que se reivindica ahora (otra vez). Hay sombras también. A ver qué dicen los centenaristas de ahora (otra vez).

sábado, 13 de marzo de 2010

Primer manifiesto del Plasticismo

Compañeros poetas: desde Cuba me envía el poeta José Jiménez Muñoz su Primer Manifiesto del Plasticismo, en el que promueve una nueva forma, una actitud diferente de la que tal vez predomine hoy ante el hecho poético. El asunto no es baladí, desde luego. Y la concreción práctica de la propuesta nada desdeñable, según me parece a mí. Pero todo es discutible, razón por la cual me inclino a divulgarlo por si pudiera ser que se iniciara esa discusión, tan higiénica, por otra parte... Ah, y no vale argumentar con Gerardo Diego, Breton, Marinetti, et alii. La cuestión palpitante lo sería, lo es, hic et nunc.






Primer Manifiesto del Plasticismo
Fundamentos estéticos
por
José Jiménez Muñoz

El plasticismo es el resultado de una búsqueda formal en poesía; es el modo estético que encontré para acercar la poesía a la categoría de arte, bien lejos de postulados coloquiales, del prosaísmo a ultranza, o de los devaneos posmodernistas que hacen a la poesía divagar en un círculo vicioso. Con el Plasticismo planteo la similitud estética y dimensional que existe entre la poesía y las artes plásticas, sin excluir de estas a la arquitectura. Demuestro en la práctica que un poema puede ser escrito como mismo un pintor concibe un cuadro, un arquitecto un edificio, un escultor una estatua, o un alfarero una pieza de barro. El poema se proyecta entonces en tres dimensiones, y es capaz de expresar de una situación determinada, no solo el color, la textura, sino también el sonido y el movimiento; el poeta lo moldea a voluntad, y se permite así nuevos lances expresivos, las ideas adquieren connotaciones espaciales en la mente del lector, donde el poeta tiene tiempo de fabricar su pieza, y resumir, a través de imágenes, sensaciones que pertenecen a diferentes expresiones artísticas.

Existe, como es lógico, una diferencia de formatos, de materiales y estructuras físicas, y sin embargo, es posible pasar por encima de estos supuestos factores en contra, y construir un poema, esculpirlo, dibujarlo con palabras para que el lector lo vea, y le de la interpretación que mejor entienda. Las ideas, los contenidos, tienen, tanto en pintura, arquitectura, como escultura, otras maneras de ser llevadas a cabo, y las técnicas que se aplican, y la habilidad del artista, juegan un papel esencial en esto; pero el resultado final es lo que hace que la poesía, con todos los recursos tropológicos que posee, sea capaz de recrear, no sólo la imagen que cualquier obra plástica puede ofrecer, sino también dar la sensación de movimiento y evolución de las partes representadas; y así influir en el estado de ánimo del lector, y de dejarlo ir con entera libertad de una interpretación a otra. En este punto, al ser la poesía parte, o una obra literaria en sí misma, y por ende hecha a partir de palabras, el poema supera en algunos aspectos a la obra plástica, pues puede trasmitir sus imágenes de forma más directa, aunque sea utilizando los mecanismos de sugestión que le son inherentes.

Como ejemplo de esto citaré un fragmento del poema “Metamorfosis en la relojería”, en el que, mediante imágenes sutiles induzco a ver cómo un reloj se transforma en un cuerpo de mujer; aunque de su lectura pueden derivarse disímiles interpretaciones, de acuerdo al lector:


La cuerda entra en su caracol

como un corazón dispuesto a derrochar su aroma

y empujarlo a la rosa náutica;

los engranajes toman forma de senos,

y la mujer anuncia con su torso,

que el tiempo no tiene antídoto.


Volantes y artificios mutan,

y hay una palabra de amor en cada tictac,

la mujer oprime el cáliz entre sus manos,

que alguna vez fue una rueda dentada,

y echa a andar la maquinaria

que anida entre vellos y pétalos.


Es sólo a modo de ejemplo, pero es suficiente para expresar en la práctica lo que se afirma en los párrafos precedentes. Ahora un fragmento de otro poema con diferente sujeto lírico, pero la misma expectativa de comunicarse a través de imágenes. En este poema titulado “Navíos solares” los girasoles viajan a través del cosmos en busca de la luz de soles desconocidos.


Girasoles que migran hacia otro universo,

flores que apagan su corazón en las noches,

ventanas con los postigos del pecho cerrados

mientras no haya un sol que desboque sus libélulas.


Las semillas se esparcen en los cielos

los escudos de los mundos se rompen,

crecen espigas nuevas en cada cráneo

donde la luz dispersa sus añicos.


No quiere decir con esto que un poema plasticista consista solamente en una descripción esquemática de una situación determinada, con fines estrictamente calculados. No es así, pues esto le otorgaría al poema una rigidez poco beneficiosa, y le restaría el aire de espontaneidad que proviene de la inspiración. Las imágenes tienen que fluir de la mente del poeta sin obstáculos, y recrearse a través de tropos novedosos. Muchas veces veo en mi mente la imagen o la situación antes de hablar de ella; otras, la imaginación me hace verlas. Se trata de este modo de hechos representados, que no siempre toman como referente una realidad material, sino que pueden referirse a aspectos espirituales del ser humano. Ejemplo de esto es el siguiente fragmento del poema “Arenas”, donde se compara algo inmaterial, al alma, con las arenas, como si ambas pudieran representar paisajes, unidas por el elemento tiempo, omnipresente a lo largo del texto.


Arenas desconocidas,

en movimientos de sierpes medrosas,

relampagueando hacia la sombra de la lluvia,

unidas en el abrazo de llamas milenarias,

se confunden con mi risa,

camuflada en un sorbo de luz.


Hechas en la falta de cordura,

mi alma y las arenas tienen vidas infinitas;

los tiempos no pueden juntarlas en un beso.


El poema plasticista puede representar sus imágenes tanto en las tres dimensiones físicas como en infinitas dimensiones abstractas. Esta poesía, por tanto, siempre deja una impresión en la mente del lector, su poder de sugerencia es eficiente.

La misma maestría técnica que debe exhibir un pintor en sus trazos, o un escultor en su golpear sobre la madera o la piedra, debe poseerla con amplitud el poeta en sus técnicas y manejos de los niveles de lenguaje, la tropología, el ritmo, (el cual hace que el poema se acerque a la música a través de efectos sonoros), y las innovaciones al verso. El dominio de la técnica poética tiene la misma significación para el poeta que el manejo de las técnicas pictóricas o escultóricas para el artista plástico. Lo que iguala a todos los artistas es el poder de llevar su arte al entendimiento del que la recibe o aprecia, y el talento para decir las cosas artísticamente, aunque para esto utilicen diferentes recursos y formatos.

La métrica y la rima tradicionales, dentro o fuera de las normas, son posibles de ser utilizadas como recursos no desdeñables. Prueba de esto es esta décima, “El animal resguardado del frío”, donde cada verso está compuesto por una imagen visual o abstracta.


Pétalos en lugar de la pelambre,

las flores a la búsqueda de filos,

el animal destejiendo los hilos,

luces atrapadas en el estambre

que acurruca la faz de los helechos

donde nunca se ha adormilado el hambre

y los cirios subastan sus deshechos

a la orilla de un océano sordo;

los cordeles se liberan a bordo

y la fruta palpitando en los pechos.


Y los dos cuartetos del soneto “El árbol de los peces”, también indican que dentro de las formas clásicas se pueden crear imágenes que actualizan su uso, lo renuevan, sin perder en nada su fidelidad:


Los peces en el árbol dormitan

a la espera del día preciso

en que irán a beber un hechizo

en la espina sagrada que habitan


inmortales siluetas que agitan

espinazos enteros, un rizo

de sus pieles rugosas, que hizo

la raíz, como frutos que gritan.


El plasticismo es un nuevo paso que da la poesía en su devenir evolutivo hacia nuevas formas y maneras de expresión. Es el resultado de profundas meditaciones en cuanto al futuro de la poesía se refiere; cuya teoría fui elaborando con el paso del tiempo. No pretendo con esto negar la poesía anterior, pero sí superar los caducos niveles poéticos del postmodernismo, de tanta poesía hecha por poetas que imitan formas decadentes, agotadas en sus formas y contenidos, y que parecen unas imitaciones de las otras. Cierto es que muchos de los postulados en los que me he visto precisado a profundizar corresponden a estéticas de las corrientes y movimientos llamados de vanguardia; y es algo irremediable, porque no reniego de las virtudes de los poetas que renovaron la poesía y me precedieron; pues en todos los movimientos y corrientes existen elementos positivos, a los que he aunado mi visión propia, con lo que me alejo un poco de los temas que en alguna medida se habían vuelto tradicionales en la poesía de finales del siglo XX.

El Plasticismo, además de mostrar una forma estética novedosa, expresa ideas, directamente relacionadas con el referente de la realidad, la vida del ser humano, el mundo interior, que solo en apariencia es diferente en la mayoría de las personas; el poema plasticista debe poseer un contenido ideológico que lleve emociones al alma del lector; no es un vacío intelectual en aras de una imagen, ni es “arte por el arte”, sino arte poético donde la forma y el contenido componen un todo en función del desarrollo de la imaginación, las ideas, y la belleza; para que la poesía ocupe dentro de la literatura el lugar que le corresponde, y recupere en el gusto de la gente la preferencia y la importancia que tuvo desde los orígenes de la humanidad donde ser poeta era ser venerado como personas tocadas con un don mágico y profético. Son los poetas los encargados de esto, y los máximos responsables de que así sea.

Ciudad de La Habana, 1 de febrero de 2010