domingo, 8 de mayo de 2011

Alcázar Genil

He estado hoy en Granada, en la Feria del Libro, donde compartimos caseta con la editorial granadina Traspiés y la sevillana El olivo azul. He visto allí a Juan Varo Zafra, a quien publicaremos nosotros dentro de nada un estupendo, pero estupendo libro de aforismos. He estado con Miguel Ángel Cáliz, de quien acabamos de sacar hace tan solo unos días su estupendo, pero estupendo libro de relatos Rupturas y ambiciones.


He estado también con mi viejo amigo Rafael Juá
rez y con su mujer, Pilar Mañas, vieja amiga igualmente ya y estupenda, pero estupenda poeta y narradora.
A Rafael le publicamos hace algunos años
su estupendo, pero estupendo libro de poemas Aulaga, del que hicimos una presentación memorable en el Palacio de la Magdalena de Santander, dentro del ciclo de lecturas poéticas El Editor Elige en la Universidad Menéndez Pelayo. Yo elegí a Rafael entonces, y ese acto nos propició ¡cuatro días alojados en el palacio! (y de gorra total). Algo inolvidable, pero inolvidable de verdad. Ahora Rafael es el Director de la Fundación Francisco Ayala de Granada, que tiene su sede en un hermosísimo, pero hermosísimo palacete nazarí: Alcázar Genil, una finca de recreo construida hace algunos años por los reyes almohades. Aquí mismo presentamos también el libro de ensayos sobre Francisco Ayala que publicamos hace un par de años. Una gozada, pero una gozada de evento, con Carolyn Richmond de cuerpo presente y todo. Graciosísima la recuerdo, pero graciosísima y afectadísima, cuando se dirigió ante mí a Rafael para decirle solo "oh, querido Rafa, hay que ordenarrr esos librosss". Noté su poder, su inmenso, pero inmenso poder allí...
Rafael me ha dado hoy una postalita de rec
uerdo impresa por la Fundación. Es una foto de 1975. En ella se ve el palacete en el centro de un bellísimo, pero bellísimo paisaje nevado. Despejadísimo y bellísimo de verdad con esos grandes árboles detrás y todo el entorno blanco. Aquí la pongo:



Claro que la imagen queda afeadísima, pero afeadísima por el edificio de nueva planta que aparece a la izquierda. En plena construcción entonces. A propósito de ese edificio horrendo, hemos especulado en cómo quedaría la imagen sin él. Aquí la pongo:


Aunque todavía molestan algo esos edificios del fondo, la ganancia es evidente, pero evidente, desde luego. Poder disfrutar de este lugar y de esta imagen en su día, en su momento, tuvo que ser de veras, pero de veras algo delicioso. Lo malo de todo es que este lugar no ha permanecido así ni mucho menos, tampoco ha mejorado, desde luego no. No sólo no ha mejorado, si no que ha ido a peor, pero muy a peor, como no era difícil de imaginar. Echadle si no un vistazo al paisaje que rodea al palacete hoy. No puede ser más desolador:




En la Feria del libro de Granada me he comprado hoy Mundos terribles, un libro de crónicas y relatos inéditos, pero inéditos de verdad, de mi admirado Marcel Schwob. Qué duda cabe de que los hay, de que lo son.... Y otro libro más me he traído: Artículos, relatos y fragmentos, de mi muy querido Ángel Ganívet, ese alma atormentada, pero atormentada ante la que sucumbí hace tantos años...

Rafael me ha prestado además un librito de 1949, una antología de poetas cordobeses en el que se incluyen siete poemas muy tempranos de mi añoradísimo, pero añoradísimo Vicente Núñez
que tienen toda la pinta de haber sido desechados por Vicente, pues creo que no aparecen en ninguno de sus libros posteriores. Tengo que comprobarlo. Solo me ha prestado el librito, ay, sí, se lo tengo que devolver el día 25 aquí en Málaga, donde presenta la antología que se le ha publicado a MV Atencia por su Premio García Lorca. Pero yo no sé qué hacer, no sé...;-)

domingo, 1 de mayo de 2011

MÍMESIS Y SIMULACRO, de Juan Francisco Ferré






Otra más de nuestras actividades. Presentamos MÍMESIS Y SIMULACRO, de Juan Francisco Ferré. Será cerquita esta vez. En Málaga. En el CAL. El miércoles 4. A las 8 de la tarde (8,15 para los de siempre, vale). Antonio Garrido se encargará de hacer la introducción. Seguimos, pues, surcando a toda velocidad el espacio literario público español. Agitándolo. Id, no tenéis excusa, amiguitos (ni fútbol de interés ni nada :-).

jueves, 28 de abril de 2011

Camino a casa

Un bernhardiano convicto me acaba de enviar este delicioso vídeo. Vamos nosotros en él camino a casa. Ese sostenido plano subjetivo nos convierte en Bernhard durante 4 minutos y 29 segundos. El camino que veía Bernhard de vuelta casa es ahora el nuestro. Vamos camino a casa en este día atormentado y fantasmagórico. Vamos oyendo lo que no hemos oído nunca, lo que no hemos sentido nunca. Vamos pensando, gloriosamente, lo que no hemos pensado nunca... Hacia nuestra casa vamos, a protegernos...

martes, 19 de abril de 2011

La primavera

Hace ya días que llegó la primavera, sí, pero más le quedan aún. Podemos poner todavía en cada uno de ellos esta bellísima canción de María del Mar Bonet (en especial en esos en los que estamos un poco tristes sin saber muy bien por qué, en ellos es aconsejable repetir, nos los alegrará todos sin duda).

martes, 5 de abril de 2011

Misterios de Lisboa


Vayan a ver Misterios de Lisboa. Vayan a ver Misterios de Lisboa. Vayan a ver Misterios de Lisboa. Vayan a ver Misterios de Lisboa. Vayan a ver Misterios de Lisboa. Vayan a ver Misterios de Lisboa. Vayan a ver Misterios de Lisboa. Vayan a ver Misterios de Lisboa. Vayan a ver Misterios de Lisboa. Vayan a ver Misterios de Lisboa. Vayan, no se la pierdan por lo que más quieran. Pero, ojo, vayan preparados, eso sí, que dura la cosa cuatro horas y media. Lo repito, por última vez, vayan a ver Misterios de Lisboa y sean felices un buen rato...

domingo, 3 de abril de 2011

IntroverS.O.S en La invisible

Pude asistir ayer por pura casualidad a IntroverS.O.S., el happening con el cual La Casa Invisible de Málaga celebraba, según entendí, su aniversario. Por pura casualidad porque no había entradas cuando llegué, a pesar de lo cual pude agenciarme in extremis unas reservas que alguien no recogió. Por pura casualidad también porque no entraba en mis planes de ayer ese evento, desde luego, al que me dejé llevar, no sin cierto escepticismo, por unos amigos, uno de los cuales intervenía en el espectáculo.
Como saben, La Casa Invisible, La Invisible, como se denomina ahora, es un espacio de agitación social y cultural, de creación de cultura alternativa y libertaria donde se programan actividades de toda índole, musical, plástica, literaria, tecnológica, ecológica, etc., etc. Ayer aunaron todos esas líneas de actuación en un sólo espectáculo que resultó (me resultó) de veras memorable. Empezando porque la programación de este tipo de montajes es (creo, al menos aquí cerquita) impensable dentro del circuito habitual y normalizado a través del cual se nos facilita el acceso a las propuestas que "debemos" consumir. Pasando luego, por supuesto, por la radical y solidísima propuesta escénica que el colectivo ensambló y que intuyo del todo imposible de no ser por su reconfortante y absoluto desinterés económico , determinado "tan solo" por la creación artística y el ensayo con total desinhibición de formatos que posibiliten la "desprogramación" de ese circuito habitual del que disfrutamos urbi et orbi. No es poco.
El happeninhg-performance duró casi dos horas y media. Cuando se cerraron las puertas y estábamos ya reunidos los cien asistentes en la sala de conciertos de la casa, comenzaron unos hieráticos y siniestros chambelanes a formar grupos de gente de forma indiscriminada. Esos grupos se dedicarían cada uno por su lado poco después a recorrer las estancias de la casa en cada una de las cuales se representaba algo. Un una de ellas se bailaba un desgarrado tango, en otra se desarrollaba una danza macabra con Lucifer como primer bailarín; en otra sonaba una inquietante melodía sin fin interpretada por alguien conectado por innumerables hilos a la toma de la corriente, justo al lado de otra en la que unas señoritas hacían recuento a voz en grito de sus aspiraciones vitales (quiero ser domadora de delfines, quiero ser alcachofa, quiero ser zanahoria profesional, quiero ser estrella del pop, tortuga, cajera automática, domadora de leones…, repetían obsesivamente entre espasmos…). En otra estancia de las que recorrimos nos esperaba un maniquí de cuyo cerebro emergía una tráquea conectada al pequeño televisor que contemplaba “impasible”, y al cual supuestamente daba la señal de un noticiario cuyas imágenes pasaban a gran velocidad. Ahí mismo se proyectaba también un vídeo en el cual la nitidez de un hermoso rostro iba y venía descomponiéndose y difuminándose entre extrañas formas y colores. Algo más adelante, un grupo de hermosas actrices (sí, eran muy atractivas, por qué no decirlo) gritaba alocadamente y animaba al grupo a unirse al alegre desenfreno, para después caer en una especie de largo autismo del que salieron para increpar y expulsar agresivamente a la audiencia que hasta entonces las contemplaba desconcertado (supongo yo, no sé).

Tal vez hubiera alguien que pensara en el pasaje del terror, esa atracción de feria de tanto éxito, porque también la atmósfera que nos envolvía era desasosegante y neblinosa, con una iluminación como de casa del terror, en efecto, donde no faltaban ruidos inquietantes y gritos estremecedores. Pero sucedió algo más que algún que otro sobresalto sin duda.

Por lo pronto, lo que yo creo más valioso es que lograron dotar a las representaciones de una textura emocional muy eficaz premiada a menudo con la participación del espectador en el juego propuesto. A menudo también lograban transportarnos desde el desconcierto y la angustia ocasional a la alegría más desenfrenada. Sugerían emociones y las experimentábamos, por ello se convirtió el espectáculo en algo bastante físico, contactos con los actores incluidos. Era algo más que una o varias historias lo que se representaba ahí.

Para mí hubo otras dos situaciones en las que demostró el grupo verdadero ingenio, creatividad y capacidad de turbación. Una de ellas ocurrió cuando nos indicaron los guías que fuésemos bajando por una escalera algo estrecha en cuyo hueco abajo del todo había instalada una pantalla que proyectaba con un color irreal los tramos de la misma escalera (no lo supimos al principio) que íbamos bajando. Asomados al pasamanos, podíamos distinguir en la pantalla unos primeros tramos de escalera nítidos que descendían también hasta casi el infinito, hasta casi un punto central indistinguible. Todos estaban también llenos de gente. Como estaban los nuestros, los que íbamos bajando en la realidad. Cuando el público se percató de que eran ellos mismos los que estaban siendo grabados y proyectados in real time se inició una curiosa búsqueda personal (ahí, ahí, te veo, etc., decían algunos).

Poco después, nos concentraron en un sórdido patio lleno de vetustos electrodomésticos en torno a un igualmente vetusto sillón vacío. Un buen rato estuvimos ahí. Expectantes, esperando todos a que ocurriera algo. Pero nada ocurría. ¿Esto qué quiere decir, qué representa esto? o ¿nos están tomando el pelo?, llegó a preguntarse alguien mientras ya nos indicaba el mayordomo que abandonáramos el espacio…

Y algo cansados (la duración quizás fue excesiva) llegamos de nuevo todos a la sala de conciertos. Ahí se desarrolló el último acto. Música, gritos, bailes y abrazos con todos los actores saltando en medio y atrayendo a todos a su fiesta. Sin solución de continuidad, se intensificó la iluminación y empezó a correr la cerveza. Esa fue la señal de que había concluido el espectáculo. O que ahora empezaba de verdad, no sé, porque cuando yo salí del recinto parecían todos muy contentos, un poquito más felices, diríase, en animada charla, todos contoneándose entregados a la música festiva que sonaba insistente… Sí, tal vez me perdí el verdadero espectáctulo...

sábado, 5 de marzo de 2011

jueves, 3 de marzo de 2011

Politiqueos nicaragüenses

Parece ser que el actual Presidente de Nicaragua, mi otrora admirado Daniel Ortega, ha cursado una oferta a Muammar El Gadafi para darle cobijo en su país en el caso de que tenga éste que "cancelar" obligadamente la hipoteca a largo plazo que suscribió cuando accedió al poder por la fuerza hace cuatrocientos ochenta meses. A mí me ha entristecido profundamente la noticia, tan sensible como estoy ahora a todo lo que se refiera al país centroamericano.
Lo que tiene que hacer el mortífero payaso de Gadafi, por un lado, es devolver al pueblo libio los 30.000 millones de euros que les ha ido sisando en toda esta eternidad, y responder luego ante las autoridades (nacionales e internacionales) por todos los desmanes y atentados contra la humanidad que ha cometido tan impresentable sátrapa. Luego, si aún le quedan unos diíllas de asueto, que se vaya a pasarlos a Villa Certosa con su amigo Berlusconi, que éste sí que sabe tratar bien a sus invitados.
Lo que tiene que hacer Ortega, por otro lado, es ocuparse de su pueblo como prometió cuando accedió al poder por la fuerza (aunque luego lo abandonó por las urnas, de ahí mi admiración, caducada ya), sacarlo de la miseria y la indefensión en que se encuentra y abandonar el poder si las urnas así lo determinan nuevamente (que parece que ya no le gusta ese jueguecito y va camino de convertirse en un personaje similar a los que con tanto éxito combatió).
Entretanto, Blanca Castellón, vicepresidenta del Festival Internacional de Poesía de Granada, ha hecho pública una nota a la que me adhiero absolutamente. La reproduzco aquí con la intención de dejar constancia de que no todos los nicaragüenses, ninguno, vamos, me temo, puede homologarse con su lamentable mandatario, ni mucho menos:

Estimado poeta : No debería sorprendernos , muy suyo en él. Esta es solo una nueva manifestación de la simpatía y admiración que Ortega ha demostrado sentir por los grandes dictadores de nuestro continente y por otros de mas allá, en el lejano Oriente. La realidad es que la mayoría del pueblo Nicaraguense, se siente avergonzado y repudia cualquier tipo de apoyo que el presidente Ortega, usurpando el sagrado nombre de nuestro pueblo, pueda brindar al reconocido dictador Gadafi .
El pueblo de Nicaragua esta conmovido y condena los actos criminales de Gadafi en contra de su propio pueblo.
El presidente Ortega con su actitud solidaria con una causa nefasta , está tirando un balde de pintura negra sobre la imagen de nuestra amada Nicaragua . El Nicaraguense es amante de la libertad , la democracia y la paz. “Nuestra tierra está hecha de vigor y de gloria /nuestra tierra está hecha para la libertad” Escribió Dario , y eso deseamos los nicaragüenses a todos los pueblos del mundo, libertad!


Un abrazo fuerte.

Blanca Castellon

domingo, 27 de febrero de 2011

Inmersión poética

De la descomunal inmersión poética que he sufrido estos días pasados en Nicaragua, en el VII Festival Internacional de Poesía de Granada, y por encima del fru-fru de tantísimos poetas como han estado presentes en el encuentro, se van decantando ya algunos nombres que quiero tener en cuenta para lecturas algo más atentas. Uno de ellos es el del poeta nicaragüense Carlos Martínez Rivas, a quien, por cierto, se le dedicará el VIII Festival a celebrar en 2012.
Yo no había oído hablar de él antes y fue curioso cómo se fue insinuando poco a poco su nombre. La primera noticia la obtuve en una conversación con Martha Leonor González, poeta y periodista, directora del Suplemento Cultural del diario La Prensa, y su marido el también poeta Juan Sobalvarro. Ambos me indicaron con vehemencia y como en secreto que el mejor poeta de Nicaragua no era Ernesto Cardenal, mucho menos Gioconda Belli. No había duda para ellos de que era Carlos Martínez Rivas. Debía, dijeron, leerlo sin tardar. Asentí algo escéptico, como buen colonialista, pero ya tenía anotado el nombre en mi cuaderno. Días después otro asistente se refirió a él con igual o mayor admiración. Y fue mayúscula mi sorpresa, algo menos escéptica ya, cuando en el acto de clausura del Festival anunció su Presidente Francisco de Asís Fernández que el próximo a celebrar en 2012 se le dedicaría a su memoria. Poco después, ya por último, en una conversación con Juan Carlos Abril en Miami, mientras esperábamos nuestros respectivos vuelos de vuelta a España, salió de nuevo el nombre de Martínez Rivas. Me dijo entonces Juan Carlos que su libro La insurrección solitaria lo consideraba uno de los más importantes en lengua española y tal vez uno de los que más le habían influido a él en su formación poética. ¡Coño!, dije yo ya un poco abrumado, pero quién es este Martínez Rivas.
Carlos Martínez Rivas nació circunstancialmente en Guatemala en 1924 y murió en Managua en 1998. Vivió en Madrid, donde estudió Filosofía, en París, Los Ángeles, de nuevo en Madrid, y en San José de Costa Rica hasta regresar a su país definitivamente tras el triunfo de la revolución sandinista. Arrastró siempre fama de llevar una vida algo rebelde y disoluta y dicen que en Madrid, precisamente, se aficionó a la bebida algo más de lo recomendable. Su obra es exigua. Siendo adolescente publicó un extenso poema, El paraíso recobrado, con el cual obtuvo un rápido reconocimiento y que supuso al parecer uno de los sucesos literarios más importantes de su país, dada la influencia que ha ejercido desde entonces. En 1953 publicó su libro fundamental, La insurrección solitaria, en el que en versos, a decir de Ernesto Cardenal, claros y sencillos, supo transmitir admirablemente la profunda decepción personal que le producía el género humano y la inexorable autodestrución hacia la que se encamina naturalmente. Parece ser que en una última entrevista concedida poco antes de su muerte afirmó que lo que más deseaba era ser olvidado.

Desde luego que con estos datos, Martínez Rivas no puede sino serme muy simpático. Y más tal vez cuando alcanzo a leer ya estos versos suyos que tanto me recuerdan a otro irritado con todos nosotros, austriaco esta vez:

NO

Me presentan mujeres de buen gusto
Y hombres de buen gusto
Y últimos matrimonios de buen gusto
Decoradores bien avenidos viviendo en medio
de un miserable e irreprochable buen gusto
Yo sólo disgusto tengo.

Un excelente disgusto, creo.


Y estos otros también que apuntan hacia una lucidez extrema:

Por más dulce que sea la llegada de los bebés,
¡por el amor de Dios!, si no han de cambiar todo, no sé a qué vienen.


Después de La insurrección solitaria se negó prácticamente a publicar de nuevo, salvo poemas sueltos que fueron recogidos en la edición que hizo la editorial Visor en 1997 y que incluía una introducción de Luis Antonio de Villena. Un ser, pues, desengañado y lúcido, de los que tan poco abundan. Habrá que leerlo, sí, habrá que leerlo con atención...

sábado, 19 de febrero de 2011

More news from Nicaragua


Ayer presentamos aquí el libro de Francisco de Asís Fernández Crimen perfecto. Yo no he visto antes una presentación tan multitudinaria, en años. Podría haber muy bien quinientas personas. Impresiona de verdad la afición a la poesía de estos nicaragüenses. Resultó un acto ameno y distendido sólo alargado un poco precisamente por esa irrefrenable pasión a que me refiero, pues Francisco de Asís leyó tal vez algo más de lo indicado para estos casos. Con mi intervención y luego la de José Luis, no era necesario que se leyeran poemas casi otros cuarenta minutos. Pero, en fin, insisto, les gusta tanto la poesía a estos nicaragüenses...
La sala de la presentación llamada de la estatuaria, es una sala amplísima abierta por todos sus lados, muy fresca, por tanto, y donde se exponen una veintena de ídolos precolombinos de considerables dimensiones. Dicha sala está en el Convento de San Francisco que tiene a su entrada un patio con un impactante y extasiante palmeral, delicioso de veras. Allí, mientras se filtraba por sus hojas un aplastante sol conversé con Marco Martos sobre la influencia arábiga de este patio. Fina observación, desde luego, que me desconcertó, puesto que me fue ingenuamente difícil imaginar mudéjares o moriscos por esta zona. Los españoles, dijo, las trajeron los españoles, refiriéndose a las palmeras. No sé, yo lo dudo, los españoles, salvo la lengua y la cruz, trajeron muy poquitas cosas más a esta zona. No me imagino al teniente Francisco Hérnandez de Córdoba, el fundador de la ciudad de Granada, con unas semillitas en los bolsillos para cultivar el palmeral que le recordara al otro suyo tan lejano, no sé... Eso es cosa de afeminados, y desde luego los españoles no lo eran, desde luego que no. En la arquitectura tal vez sí se pueda percibir esa influencia mudéjar con sus arcadas y columnas, convinimos, pero más bien para no contradecir yo en exceso al Decano de la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos en Perú. Tal vez a eso se refería mi insigne acompañante, no sé...

miércoles, 16 de febrero de 2011

News from Nicaragua

Soy amigo de Tania Claudia Alvarado, Marco Tulio del Arca y Heber Ernesto Sorto de Honduras. Soy amigo de Oswaldo Sauma de Costa Rica. Soy amigo de Horacio Costa, de Brasil, del peruano Marco Martos. Soy amigo de Emilio Coco. De Richard Gwyn, de Gales. Soy amigo de Frank Chipasula, de Malawi. Soy amigo de William Perez Porras y de Mauricio Molina, ambos de Costa Rica. Tambien del guatemalteco Eduardo Villalobos, del egipcio Emad Fouad, a quien felicite por el exito en su pais del levantamiento popular contra Mubarak. Soy amigo de Milagros Teran, Irving Cordero, Madeline Mendieta, Blanca Castejon, de Edwin Illescas, Nicasio Urbina, Gloria Gabuardi, Salomon Alarcon, Gioconda Belli, todos de Nicaragua.
Soy mas amigo de Elena Medel, de Ana Rosetti. Soy un poquito amigo de Hugo Mujica. Tal vez me haga amigo de Ernesto Cardenal, pero eso si lo veo dificil por ahora.
Entretanto he conocido tambien a un vejete que vende bolsas de caramelos de cafe a cincuenta cordobas, a peso el bocado, como dice el, y que me riño porque le di un dolar a un niño que andaba por ahi. No me lo malee, hermano, me dijo, ese niño tiene a su padre y a su madre y yo asenti avergonzado. Entretanto tambien he conocido a Mauricio y a Willy que tienen un puesto de muestra y promocion de San Juan del Sur, la provincia de donde son y que me han encargado que arregle un viaje de Su Alteza Real Don Juan Carlos I de España a la zona, que los visite sin demora y conozca de primera mano la maravilla de su tierra y su enorme potencialidad economica (turistica, artesanal, agricola...). He aceptado el encargo encantado, por supuesto. Todo sera cuestion de agendas, dijimos, y nos hemos emplazado hoy para estudiarlas (las agendas). Todos ellos son, siguio diciendo, indigenas, gente honrada y muy muy trabajadora que necesita todo nuestro apoyo (el de los españoles) para salir de la miseria en que se encuentran. Despues de un buen repaso al papel explotador, expoliador e imperialista que siempre habia jugado España aqui desde El Descubrimiento ("el descubrimiento, mira tu que cosa", tambien dijo), se quejo de que el gobierno nicaraguense tampoco les ayudaba lo necesario, la verdad. Yo respire algo aliviado al oirlo.
Entretanto soy amigo de Carlos Rigby, un nicaraguense negro de la parte atlantica del pais, la colonizada por ingleses que trajeron negros esclavos a esa zona. Rigby es un hiperdotado poeta popular, casado con una vasca y embelesado con la causa etarra (algo compleja, le dije yo, mientras el sonreia).
Entretanto igualmente, sigo siendo amigo de Jose Luis Reina.
Ahora voy a preparar mi lectura de esta tarde en el Carnaval Poetico que hay previsto. Sere Ezra Pound, leere su Canto XLV, el de la usura. Debo buscar una melena roja flamigera y una chaqueta de pana verde. Que se lo imaginen si no las consigo, mejor. Despues del Carnaval otra fiesta y asi siempre...

lunes, 7 de febrero de 2011

Destino próximo


Es curioso que lleve manejando tanto tiempo la antología de los poemas de Ezra Pound publicada por la editorial Visor y que no me hubiese percatado de que su traductor, junto con Ernesto Cardenal, de quien sí conocía, claro, la procedencia, era el también nicaragüense José Coronel Hurtecho. He caído en la cuenta al elegir los libros que me llevaré a Nicaragua la semana próxima. Salmos de Ernesto Cardenal, Las cosas, de George Perec (a algo de Bernhard, no sé), Profanaciones, de Giorgio Agamben. Y la antología de Pound, por supuesto. No sé, me ha llenado de estupor ese coincidencia. Lo cierto es que con este viaje voy a cerrar un pequeño círculo abierto hace muchísimos años, cuando andaba yo embelesado con la revolución sandinista y con los Epigramas de Cardenal, en la misma época en la que Vicente Núñez me recitaba a su modo inimitable el soneto de Darío "Margarita" ("¿Recuerdas que querías ser una Margarita Gautier?...). Ahora me ciñe con más fuerza aún ese país que conoceré por fin dentro de nada. Leo también estos días previos a Gioconda Belli (de quien siempre renegué, la verdad, pero en la que he encontrado ahora versos verdaderamente magníficos) a Claribel Alegría, a Francisco de Asís Fernández, de quien presentaremos allí Crimen perfecto, el libro suyo que acabamos de publicar aquí. Rubén Darío me acompañará igualmente... Y este poema suyo que a Vicente le fascinaba tantísimo:

Margarita

¿Recuerdas que querías ser una Margarita
Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está,
cuando cenamos juntos, en la primera cita,
en una noche alegre que nunca volverá

Tus labios escarlatas de púrpura maldita
sorbían el champaña del fino baccarat;
tus dedos deshojaban la blanca margarita,
«Si... no..: si... no...» ¡y sabías que te adoraba ya!

Después ¡oh flor de Histeria! Llorabas y reías;
tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo;
tus risas, tus fragancias, tus quejas eran mías.

Y en una tarde triste de los más dulces dias,
la Muerte, la celosa, por ver si me querías
¡como a una margarita de amor te deshojó!

domingo, 16 de enero de 2011

Contrapunto, de Don DeLillo

Dice Ramón Buenaventura en la introducción a este librito de Don DeLillo que él mismo ha traducido, que Contrapunto es un poema de arte moderno donde no hay ni una sola frase improcedente, que el texto al completo se nos junta en una meditación ajena a la lógica, atenida sólo a la lógica natural de las sensaciones, la única auténtica, la única –apostilla– que funciona en la vida real. Inmediatamente después de terminar de leer este opúsculo del maestro americano uno constata lo atinado que estuvo el maestro español en sus observaciones. En Contrapunto plantea y reflexiona sutilmente DeLillo sobre el exacerbado "autismo" de tres de los "monstruos" artísticos más destacados del siglo pasado, sobre esa irrenunciable y terrible a veces y tal vez inevitable tendencia suya al aislamiento y a la introspección que propició sin duda varias de las cimas más altas del arte de nuestro tiempo (de todos los tiempo, vamos). Nos habla de tres personajes reales, de Thomas Bernhard, Glenn Gould y Thelonius Monk; y nos habla también de Atanarjuat, el contrapunto en la ficción de todos ellos. Juro que me mareé al ver yo reunido aquí semejante elenco: los genios a los que atiende DeLillo, el autor de este libro (él mismo un genio) y el protagonista de una de las películas más emocionantes que he visto en los últimos años, y sobre la cual ya hablé yo aquí. Y llama poderosamente la atención que se refiera a ellos no directamente, sino interponiendo sus propias ficciones. Utiliza El malogrado para rastrear al propio Bernhard en la voz del narrador, o en Wertheimer, el amigo aniquilado por el genio de Gould (cuando tuvo –dice Bernhard en una de sus gracietas– la mala fortuna de pasar hace veintiocho años por el aula 33 del segundo piso del Mozarteum, como recuerdo, exactamente a las cuatro de la tarde y escuchar el Aria de las Variaciones Goldberg), o en el personaje Gould. Cuando se refiera a los otros dos, lo hará DeLillo a través de la ficción que sobre ellos construyen los documentales (o casi) Treinta y dos cortometrajes sobre Glenn Gould y Straight No Chaser, donde vemos a un enajenado Thelonius Monk dando vueltas sobre sí mismo en "una variante bop de la danza derviche", oyendo tal vez lo que otros no oían (Monk sabe, Monk sabe, dicen que murmuraba tras estos éxtasis). ¿Es para DeLillo éste, paradójicamente, el único modo de alcanzar su objetivo, de atrapar la inaprehensible verdad y toda la fuerza creativa que encierran en sí mismos unos genios de ese calibre? Todos ellos se dirigen de un modo u otro hacia el Ártico (pudiera ser que hacia el arte y la belleza inalcanzables, aniquiladores..., viene a decirnos DeLillo), hacia esa tierra de hielo que es la nada tal vez. Nos abandonan tratando de restablecer su extremado sentido del aislamiento, se van. Bernhard, o el narrador anónimo de su novela, o Wertheimer, su protagonista han subido alguna vez a la cumbre nevada de la Montaña de Monk a precipitarse al vacío desde su altura. Glenn Gould dejó de dar conciertos públicos y se recluyó en Cánada muy cerca del Ártico, aunque nunca cruzó la línea que lo delimitaba por miedo a volar. Experimentando allí con las posibilidades de la música grabada, realizó un documental titulado The idea of North, en el que "cinco personas hablan en contrapunto sobre la potencia y el aislamiento del Canadá profundo". Thelonius Monk gustaba de lucir gorros polares en sus conciertos y un buen día, seis años antes de su muerte, dejó de tocar... Grandes genios todos ellos que se atrincheran frente al mundo, como dice Vila-Matas en su artículo sobre este deslumbrante ensayito. A Atanarjuat en cambio lo vemos "realmente" correr desesperadamente por el Ártico helado huyendo hacia sí mismo y perseguido por la muerte, por la aniquilación... Y hay un momento muy significativo en esta parte que habla de la película esquimal, ella sí una ficción propiamente dicha, a diferencia de las anteriores ficciones sobre una ficción. En uno de sus comentarios DeLillo deplora que en la secuencia final aparezca todo el equipo de grabación haciendo su trabajo, como si le hubieran arrebatado todo el misterio “real” que ha estado experimentando con el espectáculo y lo hubieran desprovisto así de su función esencial, como si esa vuelta a la “realidad” le hubiera ocasionado una desagradable caída en la cuenta de la ficción en la que hasta ahí se había mantenido gustosamente inmerso…

En cualquier caso, sobre todo esto que comento, DeLillo formula en Contrapunto varias cuestiones esenciales diseminadas a lo largo de sus páginas y que le prestan ese halo poemático al que se refería Ramón Buenaventura:

-¿Que ocurre cuando la introspección desarrolla una densidad que borra el mundo a su alrededor?
- ¿Cuánto podemos acercarnos al yo sin perderlo todo?
- ¿Qué podemos dejar atrás que se agarre a la memoria terrenal?

Y otro maravilloso contrapunto se añade al final, cuando evoca el autor a las naves Voyager I y II surcando el espacio profundo y portando, entre otros objetos, una grabación de Glenn Gould interpretando un breve preludio de Bach. Un mensaje también:

Somos seres inteligentes, versados en matemáticas y capaces de organizar una secuencia coherente de sonidos en el tiempo, para crear una composición unificada, llamada música, una forma de arte cuya verdad, oficio, originalidad, y otras indecibles propiedades, proporcionan una cualidad de placer trascendente, llamada belleza, a la mente y los sentidos de quien escucha.

Éste es el mensaje a quienes estén ahí fuera, a una distancia que sólo la muerte puede medir, dice DeLillo, en su carrera hacia el Ártico, en su dilema entre permanecer o extinguirse...

jueves, 30 de diciembre de 2010

Correspondencias return


Pedro M. Domene ha escrito en la revista MERCURIO una estupenda crítica a la novela CORRESPONDENCIAS, de Hugo Abbati. Un delicado presente para iniciar el nuevo año con energía. Aquí os la dejo. ¡Felicidades a todos!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Audaces 2011. Concurso Literario

REVISTA DE LETRAS está organizando un concurso de relato breve para estas Navidades. El premio es un estupendo lote de libros donado por las editoriales independientes más destacadas del país, entre ellas la nuestra (incomprensible, sí, lo sé, pero ahí estamos...;-). Para acceder a sus bases sólo tenéis que pinchar en este enlace. Ánimo y suerte a todos los participantes, el festín literario que propiciará la victoria es de los de no te menees, afilad, pues, bien vuestra pluma, que merece la pena... Pinchad aquí y lo comprobaréis

lunes, 13 de diciembre de 2010

Ezra Pound, el loco del pelo rojo I

He sentido siempre una extraña fascinación por Ezra Pound. Desde que supe de él hace muchos años por la dedicatoria que Eliot le hizo de su poema La tierra baldía, desde que conocí poco después su impagable responsabilidad en el aspecto final de esa obra crucial en la Literatura contemporánea, he sentido por Pound, ese miglior fabbro de la dedicatoria, una fascinación que ha disminuido poco en todos estos años. Con Ezra Pound, calificado muchas veces como poeta críptico y complejo, yo creo que se da el caso de que casi todo el mundo lo conoce pero pocos lo han leído. Dicen muchos de estos últimos, los mejores tal vez, que es un poeta más de ejercer influencia que de imponer su propia obra. Y puede que no les falte razón. Incluso Eliot llegó a decir que cuando más satisfecho se sentía de sus propios poemas, no podía evitar reconocer siempre ahí el eco del maestro.

Pero no sólo Eliot experimentó de primera mano su endiablada influencia. También Yeats, de quien fue secretario al llegar a U.K., o Windham Lewis o Robert Frost… A James Joyce, de cuyo genio estaba convencido mucho antes de que lo conociera nadie, le propició la publicación de sus primeras obras y de su Ulises, sólo con lo cual ya le hubiera bastado desde luego para ganarse un sitio de privilegio en la Historia de la Literatura Universal. Según cuentan, fue impulsor de más de cincuenta revistas lierarias de la época. Dio a conocer además a William Carlos William, Rabindranat Tagore, Marianne Moore… Se marchó de EE.UU. en 1912, y paseándose por Londres por esa época de efervescencia, con aspecto extravagante y provocador, con aros turcos en las orejas, roja melena flamígera y chaqueta de pana verde, se le ocurrió fundar el Vorticismo y participar muy activamente en el Imaginismo, dos de los movimientos vanguardistas más beligerantes con la anquilosada y bobalicona poesía imperante, y precursores ambos en gran medida con los juegos tipográficos de sus publicaciones, de lo que dio de sí después el diseño gráfico. En su época parisina fue amigo de Marcel Duchamp, de Tristan Tzara, de Fernand Leger, de Ernest Hemingway, de Gertrude Stein…

Teorizó y configuró y propulsó el uso del verso libre, el mejor verso libre, tal y como lo conocemos hoy, introdujo en el espectro poético lo cotidiano y las cosas sencillas y naturales, algo que ahora tal vez no nos sorprenda demasiado pero que supuso una verdadera revolución en su día, sólo tenemos que pensar en Eliot de nuevo y comprobar todo lo que organizó con sus gatos, sus señoritas y su té de las cinco. De él venían esos aires, lo mismo que la ya tan asumida difuminación de las fronteras entre la poesía y la prosa.

Tenía Pound una cultura enciclopédica. Dominaba varios idiomas, entre ellos el chino, el japonés o el árabe, lo que le permitió introducir además en nuestra cultura occidental lo mejor de la literatura oriental. Tradujo y dio a conocer también, y sabía más de ellos que los propios italianos, a los poetas de la lírica provenzal, cuya lengua consideraba la lengua poética por excelencia y en la cual llego a escribir él mismo alguno de sus poemas. Y fue pionero también en utilizar citas en otras lenguas dentro de sus propios poemas, alegando que lo que ya había sido escrito de manera precisa en una lengua no necesitaba de su traducción a otra, actitud que tal vez tampoco debe sonarnos demasiado extraña después de tantos años de que fuera puesta en práctica.

Dicen también que una de sus mayores obsesiones era enseñar a todos los escritores a escribir buscando siempre el más alto grado de perfección de manera que a través de ellos el nivel cultural y la sensibilidad de todos los pobladores de este planeta se elevara hasta conseguir una sociedad de hombres sabios y capaces, capaces de entenderse con él, según las malas lenguas, ya que no podía evitar considerarse intelectualmente muy por encima de todos. Pero esto no impedía que se preocupara hasta la extenuación por todos los artistas que le rodeaban, ya fueran genios o geniecillos en ciernes. Los recomendaba siempre, les sufragaba ediciones de sus obras, organizaba exposiciones para los pintores o conciertos para los músicos que el creía dignos de atención, incluso pagaba, dicen, no sé, muchas de sus facturas a los más necesitados, los asistía cuando estaban enfermos y los acompañaba en su entierro.

Precisamente este desvelo por sus semejantes y ese desprendimiento económico que se le atribuye tenían mucho que ver con sus teorías sobre la usura que él consideraba triunfante en la sociedad occidental y la razón de todos sus males, la que daría finalmente al traste con ella si no se le imponía freno. Ya hemos visto que no, que sigue tan campante. Pero el interés por la Economía fue otra de las obsesiones de Pound, sino la mayor, sí desde luego al mismo nivel que sus intereses artísticos, y sus teorías sobre ella serían al cabo las que provocaron la caída en desgracia y probablemente el silenciamiento y la tragedia en la que se convirtió la existencia de una de las mayores figuras humanas y literarias del pasado siglo XX después de la Segunda Guerra Mundial.

En el canto XLV de su obra fundamental Los cantos, lleva a cabo Pound (el señor Libra, paradójicamente) un prodigioso alegato contra la usura:


CON USURA

Con usura ningún hombre tiene una casa de buena piedra

Cada bloque pulido bien encajado

Para que el dibujo pueda cubrir su cara,

Con usura

Ningún hombre tiene un paraíso pintado en la pared de su iglesia

harpes et lutes

donde virgen reciba mensaje

y halo se proyecte de la incisión,

con usura

ningún hombre ve a Gonzaga sus herederos y sus concubinas

ninguna pintura es hecha para durar ni para vivir con ella

sino que es hecha para vender y vender pronto

con usura, pecado contra natura,

tu pan es cada vez más de trapos viejos

seco es tu pan como papel,

sin trigo de montaña ni harina fuerte

con usura la línea se hace gruesa

con usura no hay clara demarcaciónn

y ningún hombre puede hallar sitio para su morada.

El tallador de piedra es alejado de su piedra,

El tejedor alejado de su telar

CON USURA

No viene lana al mercado

La oveja no da ganancia con la usura

La usura es una morriña, la usura

mella la aguja en la mano de la doncella

y detiene la habilidad de la hilandera. Pietro Lombardo

no vino por usura

Duccio no vino por usura

Ni Pier Della Francesca; Zuan Bellin no por usura

ni fue “La Calumnia” pintada.

No vino por usura Angélico; no vino Ambrogio Praedis,

No vino ninguna iglesia de piedra pulida firmada:

Adamo me fecit

No por usura St. Trophine

No por usura Saint Hilaire,

La usura ensarra el cincel

Ensarra el arte y el artesano

Roe el hilo en la rueca

Ninguna aprende a bordar oro en su bastidor;

El azur tiene un chancro por la usura; el cramoisi está sin bordar

La esmeralda no encuentra su Henling

La usura asesina al niño en el vientre

Impide el galantear del muchacho

Ha traído parálisis al lecho, yace

entre la novia y el esposo

CONTRA NATURA

Han traído putas a Eleusis

Cadáveres se han sentado al banquete

invitados por la usura.


Yo considero desde luego a Ezra Pound un ser admirable, no sólo literariamente, y ello pese a la antipática carga ideológica que se le ha endosado, de la cual hablaremos próximamente.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

viernes, 12 de noviembre de 2010

Correspondencias, de Hugo Abbati





















José Luis Amores ha escrito para Revista de Letras una estupenda, entusiástica, crítica a la novela de Hugo Abbati CORRESPONDENCIAS. Sin desperdicio, no os la perdáis (la crítica, por supuesto, mucho menos la novela).

martes, 9 de noviembre de 2010

Acto y seguido

Presentamos ayer en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés El lado humano, la novela de Pilar Rivas que hemos sacado no hace mucho y que todavía podemos encontrar en las librerías, aunque habrá que darse prisa, ya se sabe lo que ocurre ahí con las novedades. Bien los asistentes, bien Cristóbal, Pilar, que demostró un inusual aplomo en lo que se suponía su primera comparencia en público. Yo, no del todo, según parece. En mi intervención, expliqué que la línea de la editorial, de la colección en la que la hemos incluido, se veía con esta novela algo alterada, puesto que hasta ahora, así lo entiendo yo, lo que hemos publicado, lo que hemos querido publicar siempre, mejor, es tal vez literatura para lectores algo más avezados que los que pudiera obtener la obra de Pilar Rivas. Eso dije, "lectores avezados", y se lió. No, no en el acto mismo, no. Después, cuando quedábamos ya los justos. Que si así no se vende un "producto", me decían, que si había dicho algo "políticamente incorrecto", que si se pudo entender como "desprecio a los lectores" (y lectoras, disculpen) allí presentes. Bueno, lo que yo intenté no fue más que constatar un hecho. Hay Literatura, Gran Literatura, y literatura popular (y algunos grises entre medias), no creo que haya dificultad en entender eso. Lo que no podía yo era engañarme respecto a la naturaleza de esta novela de Pilar Rivas, que es literatura popular, y que está por ello destinada a un público menos, mucho menos exigente del que cortejamos nosotros habitualmente. Más amplio, por tanto, tampoco nos vamos a engañar. Yo lamenté, desde luego, que alguien se hubiera podido sentir menoscabado en sus aficiones literarias por mi comentario. No era ésa su intención, desde luego. No obstante, con aquellos reproches (de perfil bajo, no crean) pude constatar también (con cierto regocijo, dicho sea de paso) que los lectores menos avezados tienen también su corazoncito y que son algunos bastante susceptibles, quizás algo escasos de deportividad a la hora de aceptar su posición. No sé. Es su problema, me dije. Ahora insisto en que no intenté otra cosa que localizar esta obra en sus precisas coordenadas. Pero no deja de tener gracia (y cierto alcance igualmente) la polemiquilla. Me faltó tal vez hablar ahí de El Corsario de Hierro, o del Capitán Trueno, o de los Hollister, todos ellos con sus héroes y sus impagables villanos que tanto gozo me proporcionaban en mis inicios lectores. No lo hice y lo pagué.

Por lo demás, Pilar Rivas estaba exultante firmando ejemplares de su primera novela, como se observa en la foto que incluyo en esta entrada. Eso sí que no tiene precio. Eso también lo dije: lo que mayor satisfacción nos proporciona, lo que creemos que verdaderamente merece la pena de esta actividad editorial nuestra, es posibilitar que escritores de valía (según nuestros avezados criterios, claro está) lleguen a los lectores, a todos, a los más y a los menos avezados, sea lo que sea lo que escriban ya, Gran Literatura o Literatura Popular o de aventuras o de entretenimiento, llámenla como quieran... Pilar Rivas es uno/a de ellos/as.

En fin, para terminar, aquí dejo algunos sinónimos de "avezado" que podrán aclarar seguro su significado (ése que, dije maliciosamente, a lo mejor a alguno de los presentes se le habría escapado): experimentado, veterano, ducho, diestro, curtido, endurecido, encallecido, ajetreado, aperreado, baqueteado, traqueteado, trajinado, zarandeado, acostumbrado, habituado, aguerrido, ejercitado, experto. Elijan el suyo, yo ya lo he hecho.

sábado, 30 de octubre de 2010

Correspondencias, de Hugo Abbati





















Acaba de salir la novela de Hugo Abbatti Correspondencias. Esta novela narra con acento bernhardiano el derrumbamiento progresivo de dos conciencias. Los dos polos de la correspondencia que se reinicia de improviso y tras mucho tiempo de silencio entre dos amigos (y entre terceros conocidos), se establecen entre un mundo cerrado y metodológico (ciencia) y otro sometido a las presiones sociales, políticas o económicas (la vida misma); desde un aislamiento elegido con una finalidad prefijada (relaciones virus-proteínas), hasta un destino más convencional que incluye mujer e hijos y la lucha por la existencia en condiciones precarias. El igualmente progresivo deterioro gramatical y sintáctico de los personajes, ejercitado con habilísima intención, pretende dar cuenta de ese derrumbe que (nos) advierte poco a poco de la ausencia de tierra firme. Hacerse cargo de esta incertidumbre es lo que ellos no podrán evitar.
Hugo Abbati nos propone aquí un interesantísimo juego estructural, a través del cual vemos cómo la vida (la de estos personajes, al menos), vista muy de cerca, pierde su forma y se diluye en esa incertidumbre radical. Ensaya, en fin, con verdadera eficacia tanto artística como emocional, una suerte de parábola sobre la incidencia del progreso tecnológico y científico en nuestro discurrir cotidiano. Todo comienza con la anécdota del gato…

Os la recomiendo vivamente, con toda mi energía, estoy seguro de que la disfrutaréis como lo he hecho yo.

viernes, 29 de octubre de 2010

Poesía

Escribió Marta Sanz en El Cultural de la semana pasada:

Acabo de ser jurado en un premio de poesía. Leo poemarios que recomiendan silencio y otros que son adivinanzas. Leo haikús y textos órficos, telúricos, románticos y metafísicos. Versos civiles y sobre la identidad. Heptasílabos y endecasílabos, sonetos alicatados hasta el techo como los cuartos de baño. Leo artesa, azadón, jofaina, objetos de una aldea que ya no existe. Poemas trascendentes y poemas jocosos, los más soberbios. Leo tantas metáforas que ya no las oigo: noche, laguna, niebla, bruma, metáforas de meteorólogos que dan el parte con la luz apagada. Pienso que leer poesía ya no merece la pena o que quizá me estoy volviendo demasiado letraherida. Me pregunto qué ando yo buscando en los poemas. Me corrijo: me gusta leer poniéndome en el lugar del que escribe, pero sin practicar esa forma de piedad que es una falta de respeto. De repente, me paro ante una imagen de lo triste: alguien mete un grillo en una caja de Nivea, lo cuida, le da de comer, lo ve morir. Aprendo que me gustan los poemas ariscos que ni son un libro abierto ni encierran su significado dentro de una cripta. Los poemas que suenan a poemas sólo hasta cierto punto.

Para qué voy a añadir yo algo más...

sábado, 16 de octubre de 2010

Ficciones

Mi querido amigo Vicente Luis Mora confesó en el número 323 de la revista Quimera y antes en su blog que era él el único y exclusivo autor de la totalidad de los textos incluidos en el número 322 de esa revista. Una falsificación absoluta de un número que estaba dedicado a la falsificación literaria, para mayor abundamiento. Un formidable engaño que perpetró, dijo, para poner en evidencia los mecanismos de legitimación, recepción, tal vez canonización, etc., que operan en la Literatura. Aparte del indudable mérito artesanal e inventivo, con dificultades añadidas en cuanto a la asunción de voces y modos de colaboradores habituales de la publicación, a mí me pareció, más que un rimbombante ejercicio de desenmascaramiento, etc., etc., una magnífica broma con la que me he reído hasta de mi propia credulidad, y con la que se debe haber reído bastante más el autor, dicho sea de paso. Hasta aquí bien, en cualquier caso, muy bien, diría. Pero otra cosa es ya que me incline yo a pensar que ese altísimo correctivo que se pretendía (y que nos merecemos tanto) hubiese surtido mucho mejor su efecto corrosivo si no se hubiera descubierto el engaño al día siguiente como quien dice, si hubiese dejado el impostor su rastro únicamente en esa nómina de colaboradores del final de la revista, en la cual todo es falso también, claro está. Todo menos su nombre y su confesión del crimen. Habría que haberlo dejado dicho ahí solamente, pienso, para que se desarrollara y actuase esa grandiosa falsificación con todo el poder corrosivo que posee sin duda. E insistir en ella todo lo que fuera preciso. No sé, tengo la sensación de que al descubrirse el fraude tan pronto, se desactivó el poderoso virus. Aunque algunos de los colaboradores inexistentes hayan ido a parar ya al buscador académico de Dialnet. Incluso así, no sé.

Entretanto, mi querido amigo David Roas coordinó ese mismo mes de septiembre el número 765 de la revista Ínsula dedicado a la literatura fantástica llevada a cabo en España en los últimos treinta años. Aquí sí son todos los colaboradores reales, existentes, consistentes como usted o como yo. Conozco a Juan Jacinto Muñoz Rengel, a David, a Ana Casas... No hay engaño. No hay trampa. Pero todos ellos se ocupan paradójicamente de algo que, por fantástico, escapa a nuestra noción de realidad, de algo que "no puede ser nombrado ni descrito con precisión", como se dice por ahí, de algo que en puridad, entonces, no existe. Y todos ellos se esfuerzan enternecedoramente en dotar de un cuerpo físico, tangible, verdadero, a lo que no puede poseerlo en modo alguno. No veo lo fantástico, no puedo verlo, pero los veo a todos ellos claramente. Así que, pienso, en Quimera algo fantástico, algo que no existe, me muestra una realidad a la que podría abscribirme sin conflicto, en Ínsula en cambio la realidad constatable me persuade con una invención ciertamente conflictiva.

Entretanto, mi querido amigo Hugo Abbati me había contado ya la inquietud que sintió en una recóndita aldeúcha de Benin este verano, cuando una caterva de niños negros como el tizón se pasaba de mano en mano la cámara digital G7 de última generación, que previamente le había arrebatado sin permiso, decía, y empezaba a disparar a diestro y siniestro. Una realidad ahora hablándome de otra realidad tal vez que quedó plasmada en la imagen que acompaña esta entrada, es decir, que ya no existe.

Entretanto, yo escribo esto sin saber muy bien si es falso o no, si yo mismo soy una invención, si soy realmente yo el que escribo, o es otro tal vez usurpando mi nombre y mi contorno, como afirmaba Borges del otro Borges; si mi identidad se diluirá en este texto o saldrá reforzada, ya física, a través del nombre que ahora digo, el mío, Francisco Javier Torres. El que soy. O no. Finalmente, no sé dónde ponerme.

jueves, 7 de octubre de 2010

El Nobel de Vargas

He aquí la mía, una más entre la infinidad de voces que se han alzado para celebrar el Premio Nobel de Vargas. Desde luego que yo también me uno sin dudar a esa infinidad de voces que ha aclamado la acertada, esta vez sí, concesión a Vargas del tantas veces controvertido galardón. Sin hacer patria lingüística. Sin reservas ideológicas. Simple y llanamente porque me parece un novelista excepcional.
Digamos que hace no demasiado tiempo que yo podía considerarme sólo un lector ocasional de novelas. Leía novelas, claro está, y no pocas han caído a estas alturas, pero no dejaba de acompañarme casi siempre, y aun algo lo hace todavía, no crean, el pésimo juicio que sobre ese género tenía Cioran. Por cioraniano entonces (y ahora, ay), no pude, no podía considerarlo mi género predilecto, lo cual me sirvió también tal vez para ocultar mi pereza, no hace falta que nos engañemos. Ya no pienso igual. A pesar de no olvidar ese juicio negativo que tanto me influyó, reconozco que he sido muy feliz leyendo novelas, mucho más de lo que nunca hubiera podido imaginar en los tiempos de mi más acendrada negación. Uno de esos momentos de júbilo casi inexpresable me lo proporcionó precisamente Vargas. Ocurrió cuando leí hace cosa de cuatro veranos La fiesta del chivo. Leí esa novela absolutamente embebido por su asombrosa e hipnótica energía fabuladora. También lingüística. Literaria. A partir de esa lectura creo yo que pude considerarme rehabilitado del todo para la causa novelística que apoyo hoy con fruición (y manteniendo intacta mi admiración por Cioran, ¿eh?, que conste). Por eso tengo que estarle agradecido a Vargas. Y por eso me alegro tanto de que le hayan dado el premiazo de los premiazos, que, como muchas veces se dice (y no hay duda en esta ocasión), adorna más a quien lo da que a quien lo recibe.
Por cierto, una maldad: el duelo Vargas/García va por tablas. ¿A qué nivel se librará el próximo asalto?
Por cierto, después de leer ese verano La fiesta del chivo, me cargué Libra de Don De Lillo. Otro rendimiento. Pero eso lo cuento ya otro día...

viernes, 17 de septiembre de 2010

¿Qué le has dicho, Holden?

¿Qué le has dicho, Holden?, dijo el negro.
Que en tu país no teníais costumbre de dar la mano.
Antes de eso. ¿Qué le has dicho antes de eso?

El juez Holden sonrió. No es preciso, dijo, que las partes aquí presentes estén en posesión de los hechos concernientes a este caso, pues en definitiva sus actos se ajustarán a la historia con o sin su consentimiento. Pero cuadra con la idea del principio justo que los hechos en cuestión (en la medida en que se los puede forzar a ello) encuentren depositario en una tercera persona que ejerza de testigo. El sargento Aguilar es precisamente esa persona y cualquier duda acerca del cargo que ostenta no es sino una consideración secundaria comparada con los perjuicios a ese más amplio protocolo impuesto por la agenda inexorable de un destino absoluto. Las palabras son objetos. De las palabras que él detenta no se le puede despojar. El poderío de esas palabras trasciende el desconocimiento que él tiene de su significado.

El negro estaba sudando...


(El juez Holden es el jefe de la panda de mataindios de Meridiano de sangre
–Cormac McCarthy, 1985–. Así inicia sus esplendorosas intervenciones en la novela, con un discurso demoledor sobre las palabras que le suelta a un atribulado negro tan ignorante como él –he ahí la ironía–. Es asombroso el cambio de registro lingüístico que lleva a cabo ahora McCarthy con este personaje. Te golpea, te aturde, no sin haberte seducido antes con ese encadenamiento conceptual absolutamente fatuo. Después viene lo que viene. Resulta magistral, qué duda cabe.)

miércoles, 15 de septiembre de 2010

José Hernández

Conocí la obra de José Hernández hace más de doce años cuando ilustramos con varias de sus creaciones uno de los números de Bazar. Revista de Literatura, la revista que dirigía yo por entonces junto con Emilio Chavarría. Me fascinaron desde luego aquellas grotescas imágenes humanas, aquellas deformes criaturas del reino animal, alguna arquitectura imposible..., el inquietante y personalísimo color terroso, las sombras y veladuras de todos aquellos cuadros visionarios que tan generosamente nos permitió reproducir. Ahora he tenido la oportunidad de conocerle a él en persona. Me invitó hace unos días a su casa en Villanueva del Rosario, un molino de aceite del siglo XVIII en el que vive seis meses al año desde hace treinta. Ahí trabaja también todos los días, desde muy temprano hasta entrada la noche, casi sin interrupción, me dijo, salvo para la comida y el paseo diario entre olivos al atardecer. Muy lentamente. Haciendo numerosos bocetos de proyectos que luego pasarán al lienzo. Velando y velando las capas de color y dejándolas secar días y días para poder seguir, para conseguir esas inusitadas gamas de negros y ocres que tanta fama le han proporcionado. Durante el recorrido que hicimos por su estudio, nos explicaba a Carmen y a mí los cuadros con asombrosa naturalidad, dos o tres de gran formato que había allí y que tenía en marcha desde hacía ¡cuatro años! Yo me acercaba reverencial a contemplarlos. Él, por el contrario, los manoseaba, pasaba la palma de su mano por la tela, los acariciaba con la misma asombrosa naturalidad y desafectación con la que hablaba de ellos. "¿Ves?, ya está seco –decía–, mañana lo continuaré. Es un encargo. Tal vez el año que viene lo entregue". Yo asentía estupefacto. Otro Antonio López, otro Víctor Erice, pero del ensueño y la imaginación desbordada esta vez, pensé. Me sentí allí de veras privilegiado pudiendo admirar junto a su autor esos pocos cuadros prodigiosos. Otros más había de pequeño formato y no me resistí a preguntar, ingenuamente, por su precio. No sé, me dijo maliciosamente, eso háblalo con mi hija que es quien se ocupa de tasarlos.
Después del recorrido por el estudio, nos sentamos en el patio del molino junto a otros amigos que habían llegado entre tanto. Allí nos comimos un estupendo tallín de cordero y nos bebimos varias botellas de vino y alguna más de Jhonny Walker. Nos despedimos de madrugada con la lengua pegada ya casi al paladar. Inolvidable el encuentro, no hace falta decirlo.

José Hernández, además de pintor de difícil homologación, con un mundo propio y una técnica absolutamente singulares (no lo digo yo, lo dicen los mejores especialistas: Calvo Serraller, Juan Manuel Bonet, Martínez Sarrión, Corredor Matheos), pasa también por ser uno de los mejores grabadores españoles en ejercicio y un ilustrador de libros de primera magnitud (son buenísimas, pero buenísimas, las ediciones para bibliófilos de La metamorfosis de Kafka, o de El Aleph de Borges, o de El túnel de Sábato,
ilustradas por él). También ha firmado algunas memorables escenografías para obras de teatro de Francisco Nieva, sobre todo, y bastantes carteles para películas de cine. Las de Buñuel, entre otras, tan afín, por otra parte, al alucinado mundo de José Hernández (o viceversa). Aquí les dejo el enlace a su página de internet, verán que no exagero.

José Hernández, además, está casado con Sharon Smith, a quien conocí antes que a él en una tertulia dedicada a Muñoz Rojas en la que intervinimos y que se incluyó luego en el documental sobre el bardo antequerano El poeta sin tiempo. Nuestra coanfitriona es autora de varias deliciosas colecciones de relatos. Una de ellas verá pronto la luz en nuestra editorial. Ya daré noticias.